El arranque de Gabino

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Por: Diódoro Carrasco Altamirano
Jueves, 09 de diciembre del 2010

En pleno bicentenario de la Independencia y centenario de la Revolución mexicana, Gabino Cué tomó posesión como el gobernador número 96 de Oaxaca e inauguró la histórica alternancia en el poder en el emblemático estado de Juárez y Porfirio Díaz, de Flores Magón, de Macedonio Alcalá, de Vasconcelos, de Tamayo, de Eduardo Mata, de Toledo, de Alfredo Harp y Sergio Hernández…

Ante los representantes de los partidos nacionales que conformaron la alianza política triunfadora, frente a líderes de organizaciones sociales, dirigentes cívicos y empresariales, y de la indígena Eufrosina Cruz, presidenta de un Congreso estatal plural y mayoritariamente aliancista; en medio de grandes esperanzas y renovadas expectativas, Gabino pronunció un discurso cargado de definiciones, de compromisos políticos y sociales y de proyección de metas y objetivos que prefiguran los alcances de la transición democrática en Oaxaca.

Primero fue el compromiso de no actuar buscando venganzas ni fabricando culpables, sino construyendo acuerdos que promuevan la paz; para enseguida precisar que no “se permitirá la impunidad”, nadie estará por encima de la ley, y quienes hayan violentado derechos humanos o atropellado la justicia “serán sancionados”. Advirtió que “no permitiré que los funcionarios se enriquezcan al amparo de la pobreza de la gente”. En síntesis, reconciliación sin impunidad.

Proclamó un enfoque humano para la solución de los problemas y el cese de la represión como método para acallar las inconformidades. En las disputas comunitarias por la tierra debe imponerse la conciliación y la ley, que prevalezca el perdón por los antiguos agravios; mensaje a San Juan Copala.

Mi gobierno está obligado —dijo— a poner en marcha a la sociedad para hacer de Oaxaca un estado modelo en el desarrollo humano y social sustentable. Se comprometió a ejercer un gobierno con proyecto ciudadano, que respeta las libertades y derechos humanos de los oaxaqueños, que es democrático y tolerante con las disidencias y las inconformidades, pero en donde debe prevalecer también el estado de derecho.

Para ello anunció la entrega al Congreso de una iniciativa de reforma política cuyos ejes son: nueva relación entre el Legislativo y el Ejecutivo; fortalecimiento del Poder Judicial; autonomía real de los órganos autónomos; mecanismos de democracia directa, como el plebiscito y la revocación de mandato, y una nueva gestión pública responsable y con orientación social.

Nuevas facultades para el Legislativo, como la ratificación de gabinete, el fortalecimiento de su poder fiscalizador y de rendición de cuentas. El Ejecutivo se fortalece con las facultades de iniciativa preferente, veto y reconducción presupuestal. Se fortalece la autonomía del órgano fiscalizador del estado y de la Procuraduría de Justicia con la finalidad de que recuperen la confianza ciudadana perdida o en entredicho. Es importante la revocación de mandato, pues se busca “que nunca más un gobernador abuse del poder público para su beneficio personal”. Además, consejos consultivos ciudadanos para dar asesoría especializada y enlace con la ciudadanía.

En síntesis, una reingeniería completa de la gestión gubernamental y de la división de poderes, que pone el acento en la transparencia, la rendición de cuentas y el respeto a los derechos humanos, es decir, en la participación ciudadana y en una ética de la responsabilidad.

Una reivindicación de la política como el mejor medio para resolver los conflictos, para restablecer la gobernabilidad y la normalidad democrática en el funcionamiento de las instituciones. Una relación de respeto y colaboración con el gobierno federal para impulsar el desarrollo del estado.

A los maestros: diálogo, pero ni un día más sin clases. En la política social y el desarrollo también adelantó objetivos claros: no descansará hasta abatir los índices de desnutrición infantil; pacto social con las mujeres; formación de capital humano productivo; compromiso especial con los indígenas.

En economía planteó un nuevo modelo de desarrollo que pueda vincular los modos de vida tradicionales de las comunidades con los requerimientos de una economía de crecimiento y competitiva, con oportunidades para todos, ligada al país y al mundo.

En justicia: fiscalía especial para la investigación de hechos de impacto y trascendencia social; reconstrucción de la memoria histórica; uso racional de la fuerza pública, en la que se observen principios como la proporcionalidad, la racionalidad, la legalidad y la congruencia.

En fin, vientos de cambio y transformación soplan sobre Oaxaca, pero la concreción de las iniciativas y programas propuestos requerirá sin duda de la aportación generosa de muchas y muchos.

Fuente:

http://www.nssoaxaca.com/opinion/133-acentos/56280-el-arranque-de-gabino

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