Laura Velasco Ortiz1
1. Introducción.
La presencia de indígenas en Baja California2 no sólo es resultado de la migración. Desde hace siglos existen grupos indígenas nativos asentados tanto del lado mexicano como del lado estadounidense de la frontera (Garduño, 2003). Sin embargo, desde mediados del siglo XX la población indígena se ha incrementado notoriamente por la inmigración procedente del sur de México. A tal grado, que en el año 2000 los indígenas de origen migrante constituían el 99.8% de la población indígena del estado.3
El énfasis en la movilidad que implica la migración de estas poblaciones obscurece la vitalidad del proceso de asentamiento que experimentan una vez en tierras fronterizas. Es decir, estos nuevos residentes en su origen migrantes, al instalarse en los nuevos lugares desatan un conjunto de estrategias para asir su existencia individual y colectiva al nuevo lugar. El objetivo de este artículo es ilustrar este proceso asentamiento que implica una diversidad de prácticas que derivan en lo que llamo arraigo y que tiene expresiones en la vida familiar y comunitaria.
El proceso de arraigo de los indígenas en Baja California esta filtrado por la discriminación étnica vigente en todo el país. Sin embargo, en una sociedad fronteriza caracterizada por la diversidad de los orígenes geográficos resultado de la migración4, la dicotomía indígena-mestizo parece matizarse en medio de la diversidad cultural que implica el encuentro constante con personas de distintas latitudes en ambos lados de la frontera.
Si bien es pertinente hablar de indígenas (Bonfil, 1987), es debido aclarar que tal categoría étnica es una construcción colonial y nacional que reduce la gran diversidad de expresiones culturales y de adscripciones de identidad local y regional. Esta diversidad es visible en la persistencia de 62 lenguas indígenas en el país, y gracias a la migración una proporción importante de ellas es practicada en Baja California. Por lo que a lo largo del artículo se busca distinguir las adscripciones locales de los inmigrantes de origen indígena en un intento por presentar las distintas formas de ser indígena y vivir el arraigo.
La importancia de las redes de parentesco y de paisanaje para el proceso de asentamiento se observa con mayor claridad al documentar corrientes de pueblos específicos, debido a la fuerza de las adscripciones locales. Es decir si bien es menester distinguir a los purépechas de los mixtecos, resulta fundamental encontrar las lógicas de solidaridad y conflicto de orden local que rigen el asentamiento y arraigo a la ciudad.
Este artículo describe el proceso de asentamiento y arraigo de los indígenas de los municipios de Tijuana y Ensenada, debido a que en ambos municipios se concentran más de dos terceras partes de los indígenas del estado. En particular se presentan algunos casos de núcleos indígenas que proceden de una localidad de origen común y que dan cuenta de la diversidad de flujos migratorios y procesos de asentamiento en un escenario urbano: Tijuana y uno rural: el Valle de San Quintín, Ensenada.
Para el caso de Tijuana, los purépechas y los mixtecos son los casos elegidos, y de estos últimos se distinguen a los que proceden del estado de Oaxaca de aquellos del estado de Guerrero. Para el caso del Valle de San Quintín, en Ensenada, se presenta el escenario general del asentamiento de los mixtecos, enfocándose en la descripción del caso de los triquis5.
1. Llegar y quedarse: asentamiento y arraigo.
A fines de la década de los cincuenta, el entonces territorio de Baja California empezó a recibir inmigrantes indígenas en las áreas agrícolas de Mexicali y Ensenada y poco más tarde en la joven Tijuana en el trayecto de su viaje a Estados Unidos. Entre esos viajeros había indígenas de origen purépecha de la Meseta Tarasca de Michoacán que, en medio de las oleadas de michoacanos, buscaban cruzar al otro lado de la frontera. También había mixtecos procedentes de la Mixteca Baja y Alta de Oaxaca contratados para trabajar temporalmente en Sinaloa, y luego ir a Estados Unidos. Al parecer, ambos grupos fueron los pioneros en la migración indígena a la frontera bajacaliforniana, y sentaron las bases de las actuales redes de migrantes que funcionan con base en el parentesco y el paisanaje para los migrantes más recientes como los zapotecos, triqui y nahuas.
La historia de la migración indígena señala que el traslado y arribo de personas procedentes de pequeñas localidades de origen indígena del sur del país funcionó gracias a los apoyos de distintos miembros de la familia a la vez que de la comunidad local. Pero como se observa en los casos contenidos en este trabajo, una vez que los inmigrantes logran establecerse con algún familiar o paisano, se abren paso para adquirir una vivienda y velar por la dotación de servicios para luego acceder a los beneficios que da la posibilidad de adscribirse étnicamente como indígenas de un grupo específico: como mixtecos o purépechas, particularmente en la relación con actores locales o funcionarios de gobierno.
La fijación al nuevo territorio se da a nivel práctico y a nivel simbólico e implica una experiencia totalizadora (Del Acebo, 1996) que pasa por momentos distintos, y los cuales trataremos de discernir a lo largo del articulo. Interesa presentar casos de asentamiento que derivan en arraigo, teniendo en mente la propuesta de Scudder (1985), quien considera que el éxito de un asentamiento se da cuando los colonos desarrollan un sentido de arraigo y pertenencia, yendo más allá de la satisfacción de necesidades básicas.
Los distintos momentos del asentamiento están cruzados por una urgente necesidad de reconstrucción práctica y simbólica del hogar y de la comunidad local. En ello, el sentido de continuidad con los ancestros y lugar de origen es vital, por lo que el arraigo no elimina las interacciones con los lugares de origen y con otros lugares de migración, donde se dispersan los familiares y miembros del pueblo o localidad, como son aquellos en suelo estadunidense, y con quienes se establecen interacciones transfronterizas.
El estudio del proceso de asentamiento de las poblaciones indígenas en el estado (Coubes, Velasco, Zlolniski, 2010; Velasco, 2010) permiten afirmar que el patrón de asentamiento espacial no es homogéneo entre los indígenas, es decir difícilmente es posible hablar de segregación espacial – con excepción de los campamentos de trabajadores en los campos agrícolas de Ensenada. Una cualidad de estos asentamientos es el contacto constante entre personas distintas, en términos étnicos y regionales, lo que permite contactos cotidianos entre personas con adscripciones étnicas diferentes como mixtecos y purépechas, o de origen local y regional diferente como jaliscienses y oaxaqueños.
2. Los indígenas en Tijuana: purépechas y mixtecos.
2.1 El arribo de los purépechas de Michoacán.
Los migrantes purépechas se concentran en los municipios de Tijuana y Rosarito, y proceden de localidades ubicadas en la Meseta Purépecha, situada en la parte central del estado de Michoacán y que comprende tres zonas: La Lacustre, la Sierra y la Cañada. En particular, los municipios de Patzcuaro, Nahuatzen y Cherán son el origen de la mayoría de purépechas residentes en ambos municipios. Hasta la fecha ha sido posible documentar los casos de tres núcleos de migrantes purépechas cuya migración y asentamiento en la ciudad de Tijuana se dio a partir de los años sesentas procedentes de los municipios de Patzcuaro y Nahuatzen en la corriente de trabajadores indocumentados a Estados Unidos y otros procedentes del municipio de Cheran quienes migraron en los años cincuenta al corte de algodón en Mexicali. A continuación se presenta el caso de los migrantes procedentes de la Isla de Janitzio, en el municipio de Patzcuaro, por ser la inmigración más antigua a la ciudad.
Desde la Isla de Janitzio, Pátzcuaro.
A mediados de la década de los sesenta, los primeros inmigrantes procedentes de Janitzio arribaron a Tijuana con la idea de cruzar sin documentos a Estados Unidos. En tantos estos hombres pioneros arreglaban el cruce de la frontera y la colocación en un empleo, se dedicaban a vender cigarros en las calles céntricas de la ciudad. Con el tiempo decidieron elaborar y vender piñatas, cayendo muy pronto en cuenta que este oficio era mejor que andar por las calles vendiendo cigarros. Según Clark (1991), estos primeros productores trabajaban en forma familiar bajo pedido de intermediarios en Estados Unidos.
Así se inició el primer asentamiento familiar en la zona norte de Tijuana alrededor de la producción de piñatas. En esta primera década, las redes familiares sirvieron de soporte a la instalación residencial y de colocación en un empleo, sin embargo con el paso de los años estas redes se abrieron hacia personas que procedían de otros pueblos de Michoacán, siendo de gran utilidad para la movilidad en el empleo.
A fines de los años ochenta, estos residentes purépechas rentaban en la zona norte de la ciudad, cuando se les presentó la oportunidad de adquirir un terreno en la colonia Constitución en el municipio de Playas de Rosarito. En 1987, 150 familias de origen purépecha, la mayoría, procedente de la Isla de Janitzio, se instalan en la colonia, y en forma organizada enfrentan la construcción de sus viviendas y la dotación de servicios.
Una vez en la colonia, los nuevos habitantes reprodujeron las fiestas comunitarias y el traslado de los iconos religiosos de sus lugares de origen. Muy pronto apareció la imagen de “Nuestra señora de Carácuaro”, a nombre de quien se recaudaban fondos casa por casa para hacer los festejos anuales. Para 1994, estos nuevos residentes, organizados en un comité lograron la dotación de 7 terrenos de parte de Corette6, en donde iniciaron la construcción de la capilla para la virgen itinerante, algunas áreas verdes y el salón purépecha, que sirvieron como lugares de encuentro comunitario y visibilización étnica ante los vecinos y el gobierno.
Al trasladarse del centro a un suburbio de Tijuana7, las relaciones gubernamentales con el Instituto Nacional Indigenista (ahora Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas), tuvieron que redefinirse a partir de las nuevas necesidades como colonos; así surgió el proyecto de construcción de la escuela bilingüe, que se acompañó con la búsqueda y capacitación de profesores hablantes de purépecha. La escuela sirve como lugar de referencia para la revalorización de la lengua indígena y de la reproducción de festividades, donde participan familias y comunidad.
2.2 Los mixtecos fronterizos.
La llegada a Tijuana de los mixtecos de Oaxaca en los años sesenta y de Guerrero en los años ochenta, está asociada con el auge agrícola del noroeste de México y el suroeste de Estados Unidos. En las historias personales y familiares de migración, Tijuana aparece como un punto geográfico que articula distintos lugares en el amplio corredor agrícola que atraviesa ambos países. En esta ciudad se desarrollaron los primeros núcleos de residentes Mixtecos; en sus calles se formaron los primeros grupos de vendedoras ambulantes en la zona turística y de jardineros en las colonias de clase media.
En la década de los ochenta, Tijuana fue un lugar clave para el resguardo de las familias en tanto arreglaban los documentos para internarse a Estados Unidos.
Fue la década de la Ley Simpson Rodino y el inicio de los commuters8 de origen mixteco (Velasco, 1995). Para la década de los noventa, no sólo los Mixtecos oaxaqueños habían establecido su residencia en esta ciudad fronteriza, sino también un núcleo de Mixtecos guerrerenses.
La región Mixteca incluye porciones territoriales de Oaxaca, Guerrero y Puebla.
Después de un siglo de instauradas las fronteras político-administrativas es posible observar diferencias importantes en términos de condiciones de vida y de autoadscripción entre los mixtecos oaxaqueños y los guerrerenses. Tales diferencias parecen persistir en el proceso de migración y en el asentamiento en la ciudad de Tijuana, como se observará más adelante. Por ello, es adecuado separar la descripción de la migración de los Mixtecos de Oaxaca y de Guerrero. A continuación se presenta el caso de la migración de San Miguel El Grande, en el distrito de Tlaxiaco, perteneciente a la Mixteca Alta, que es uno de los flujos más recientes.
Mixtecos de Oaxaca: desde San Miguel El Grande, Tlaxiaco.
San Miguel El Grande9 es cabecera municipal en el distrito10 de Tlaxiaco en la Mixteca Alta. A mediados de siglo XX, los habitantes se dedicaban principalmente al cultivo del maíz en combinación con algunas leguminosas como frijol y haba.
San Miguel El Grande, como otras localidades de la región Mixteca de Oaxaca, vivió la migración a Veracruz en la década de los cincuentas y sesentas, simultáneamente que al Distrito Federal, en pleno auge de la industria de la construcción en las obras del Metro. La migración a la agricultura moderna del noroeste de México y suroeste de Estados Unidos, también aparece en la historia de San Miguel. En los años ochentas, Camalú en el Valle de San Quintín, B.C., era destino y lugar de asentamiento de un grupo de familias de San Miguel que se contrataban en el corte de tomate.
A fines de los setentas los primeros sanmigueleños se instalan en cuartos de renta en el centro de Tijuana, y a mediado de los ochenta se trasladan hacia la periferia tras la oferta de líderes sociales para lograr un terreno donde asentarse con sus familias. Así se inicia el asentamiento en Camino Verde y años más tarde en la colonia Gabriel Rodríguez, gracias a la compra directa al ejidatario. En estas nuevas condiciones de vida, las mujeres se dedicaban al trabajo doméstico y los hombres al empleo fabril. Actualmente el trabajo en la maquila se ha extendido entre hombres y mujeres, aunque hay algunos dedicados al comercio o bien como commuters en la agricultura de California. Desde el primer asentamiento, los hombres continuaron con la migración a Estados Unidos para trabajar por temporadas en el corte de tomate y de la uva en combinación con el corte de manzana en Washington. Una parte de ellos logró su regularización bajo el IRCA de 1986, lo cual facilitaba la movilidad de la mayoría sin documentos.11
El núcleo de San Miguel se encuentra disperso en distintas colonias de Tijuana y San Quintín, en Baja California, y en San Diego y Madera, en California. Estos últimos asentamientos del lado estadounidense de la frontera ayudan a la movilidad de los sanmigueleños a través de la frontera y apoyan a sus familiares de lado mexicano.
La organización comunitaria fue activada por las visitas de los presidentes municipales desde 1993. Al principio con el objetivo de recaudar fondos para el pueblo y después para impulsar el establecimiento de una autoridad que reprodujera la estructura territorial del municipio en Oaxaca e incitarlos a que se organizaran para resolver problemas de los paisanos en Tijuana.12
Desde entonces, los san migueleños eventualmente hacen contribuciones al lugar de origen a través de un comité, lo cual les permite mantener algunos derechos, como el usufructo de las tierras comunales o el ejercicio de cargos comunitarios en San Miguel.
Los mixtecos de Guerrero: desde Xochapa, Guerrero.
La localidad de Xochapa pertenece al municipio de Alcozauca, distrito Tlapa de Comonforten la Región de la Montaña de Guerrero. El municipio de Alcozauca es limítrofe con el estado de Oaxaca y sus habitantes son mayoritariamente indígenas mixtecos y nahuas (76.5%), cuya ocupación principal es la agricultura de subsistencia.
Desde los años cincuenta y sesenta, muchos hombres de este poblado salieron a trabajar a Veracruz y a Morelos al corte de caña. En esos mismos años se inicio una migración familiar muy extendida con dirección a Culiacán, Sinaloa para trabajar en la agricultura. Cuando las vías de comunicación se extendieron a la cabecera municipal y distrital se hizo posible la salida a la ciudad de México.
Los primeros xochapanses llegaron a Tijuana en 1985, con la intención de cruzar la frontera con rumbo a Madera o Fresno, California a la cosecha de uva y tomate. En medio de entradas y salidas de Estados Unidos se fueron quedando en Tijuana. Ya en los años noventa dos familias tomaron un lote baldío de la colonia Vista Hermosa, donde construyeron sus casas y después trajeron a sus familiares desde Xochapa. Una vez reconstituido el hogar, se estableció un patrón familiar en el que las mujeres se quedaban en esta ciudad y los hombres volvían a cruzar la frontera a la cosecha de la uva, el tomate y la manzana, ya no sólo a California sino también a Oregon y Washington.
En 1993, las lluvias del “Niño”13 devastaron gran parte de la ciudad de Tijuana, particularmente las colonias asentadas en los cañones de los cerros. Muchos habitantes de esos lugares tuvieron que ser trasladados a refugios y luego reubicados. Ese fue el caso de lo xochapenses, quienes fueron reubicados en Valle Verde al este de la ciudad. Una vez establecidos en esta nueva colonia, los nuevos residentes continuaron con la migración a Estados Unidos, pero a partir de 1994 el cruce se hizo cada vez más difícil; por lo que aunque algunos siguieron con el cruce a Estados Unidos, en su mayoría sin documentos y por temporadas, otros se quedaron a trabajar en las fábricas. Con el traslado a Valle Verde el grupo de familias tuvo que enfrentar la construcción de viviendas, la dotación de servicios y la regularización de los terrenos. Dado que ya contaban con una organización informal, basada en las relaciones parentales y de adscripción local, que había funcionado para su llegada y establecimiento en Tijuana, no fue difícil continuar con ella en Valle Verde.
Entre 1993 y 1997, este grupo de Mixtecos guerrenses estaba organizado como comité de colonia a través del cuál construyeron la escuela, se ayudaron en la construcción de viviendas y en la tramitación de servicios; además de ayudar a enfrentar los problemas de orden judicial de las vendedoras ambulantes.
Actualmente, las mujeres Mixtecas de Guerrero que se dedican a la venta ambulante en varios puntos de la ciudad; sin embargo ha ido en aumento el número de mujeres jóvenes que trabajan en las fábricas y en el servicio doméstico en Tijuana. Los hombres son albañiles y existe un grupo importante que trabaja en Estados Unidos por temporada de enero a agosto; durante la cual acumulan ahorros para pasar el resto del año en Valle Verde.
En 2005, 157 familias Mixtecas originarias de Guerrero y cerca de 10 familias Mixtecas originarias de Oaxaca estaban asentadas en Valle Verde, y ya contaban con luz, agua, drenaje y teléfono; la pavimentación y las banquetas son los proyectos aún en curso.
En ese mismo año, ya se realizaba el festejo de San Francisco de Asís, bajo la dirección de una cofradía y con una importante fiesta comunitaria de varios días, la cual incluye una procesión, misa y fiesta comunitaria, para lo cual cuentan con el apoyo de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y la oficina de Culturas Populares.
3. Los mixtecos y triquis en el Valle de San Quintín, Ensenada.
El valle de San Quintín se encuentra en el sur del el municipio de Ensenada y es la región agrícola de exportación más importante en Baja California. El poblamiento de la región se asoció desde su origen en los años sesentas a la migración de trabajadores agrícolas –muchos de ellos indígenas- atraídos por el despegue de la producción hortícola y de frutas frescas de exportación.
En el año 2000 poco más de la mitad de la población había nacido fuera en estados como Oaxaca (39.1%), Sinaloa (13.9%), Michoacán (8.5%), Guerrero (6%) y Veracruz (4.5%). Y el 16% de los habitantes mayores de 5 años hablan una lengua indígena como el mixteco, el triqui y el zapoteco14.
El perfil actual, en términos étnico y migratorio, de la región es resultado de un proceso de asentamiento poblacional en las ultimas tres décadas, que sintetizó una serie de cambios de distinto orden. Uno de ellos, quizá el de mayor importancia por la centralidad en la vida regional, fue el cambio tecnológico registrado en la producción. Tal cambio significó la ampliación de los tiempos de cultivo a todo el año y el incremento del rendimiento por superficie sembrada, y por lo tanto la demanda de mano de obra flexible en tiempo y cantidad a lo largo del año.
Tal transformación tuvo repercusiones en la dinámica del flujo migratorio y en las formas de residencia. Una de las imágenes más populares de la región en los años ochenta, fue la de los campamentos precarios donde se hospedaban los trabajadores agrícolas y sus familias. Las movilizaciones de trabajadores de esos años respondían a la precariedad y explotación en los campos de cultivo y se ligaron a la creación de colonias en los alrededores de los campos agrícolas.
El cambio de residencia de campamento a colonias tuvo un impacto tremendo en la vida familiar y comunitaria de los trabajadores, al permitir la separación de los espacios de reproducción de los de producción, permitiendo a los trabajadores mayor libertad para organizar su vida familiar y a la vez para contratarse con varios empleadores a lo largo del año. Aún cuando el cambio de residencia modificó el perfil de la región en todos los ámbitos, no eliminó la vocación agrícola de la región, ya que todavía en 2003, la agricultura ocupaba a poco más de lamitad de la población y los indígenas se dedican en mayor medida a la agricultura en condiciones de peones.15
Los mixtecos de Oaxaca son los pioneros de la región, debido a su patrón de movilidad en el noroeste mexicano y el suroeste estadunidense desde los años sesenta. Su arribo a la región obedece al funcionamiento del sistema de contratación por enganche en las localidades de origen, practicado por las empresas agrícolas norteñas.
Tal vez debido a que son el grupo pionero en su arribo a la región, los mixtecos de Oaxaca ya no dominan en los campamentos actuales, sino que han sido reemplazados por mixtecos de Guerrero y triquis de Oaxaca, y en forma más incipiente por nahuas de Guerrero y Veracruz. Los mixtecos dominan en las colonias de trabajadores fundadas en los años ochentas, por lo que no es extraño que las escuelas fundadas entonces fueran gestionadas por profesores de origen mixteco. Dada la mayor documentación del caso mixteco en el valle, en este artículo presento el caso de los triquis, por constituir un grupo minoritario demográficamente tanto en la región de San Quintín como en Oaxaca y por representar una experiencia de asentamiento más reciente.
3.1 Nuevo San Juan Copala: Los triquis en San Quintín.
Nuevo San Juan Copala es una colonia popular en la delegación Vicente Guerrero. Su nombre rememora el lugar de origen de muchos de sus habitantes en el estado de Oaxaca.
San Juan Copala es el centro ceremonial y político de la Región Triqui Baja16, y se encuentra rodeada por localidades de origen mixteco en la Región Mixteca de Oaxaca. Su historia ha estado entretejida con la de los mixtecos, debido a su coincidencia regional y su relación de subordinación política que los ha colocado en el estrato más bajo en la jerarquía étnica de la región. Según Lewin y Sandoval (2007) los triquis poseen una particular vitalidad idiomática y organizativa entérminos socioterritoriales que los distingue de otros grupos indígenas. Por ello no es extraño su tendencia en el valle de San Quintín a renombrar las colonias donde habitan, aludiendo a los lugares de origen (Nuevo San Juan Copala o Nueva Región Triqui).
La migración triqui es cercana históricamente a la mixteca, ya que los habitantes de la región triqui también participaron en las corrientes de trabajadores a los campos agrícolas del noroeste mexicano y, aunque más tarde, a las del suroeste estadounidense; sin embargo, esta migración ha estado matizada por la dinámica de violencia en la región, por lo que a la búsqueda de empleo se acompañaba la necesidad frecuente de huir, evitando la muerte por venganza17. Es común escuchar historias sobre la huida de las localidades de origen para salvar la vida tras una venganza anunciada, que podía tener como origen un conflicto por linderos de tierras o bien por agravios como robo de ganado.
La colonia Nuevo San Juan Copala en el Valle de San Quintín fue fundada en 1997 por familias de trabajadores agrícolas que provenían del campamento Aguaje del Burro, y de algunas cuarterías del valle, con la ilusión de tener un terreno propio. La residencia en el campamento marca un hito en la memoria de los actuales residentes de la colonia.
Los testimonios dan cuenta de que al arribar al campamento Aguaje del Burro en los años ochenta, los recién llegados negociaban de inmediato su contratación en el campo, y luego su inclusión en el campamento. Después de viajar varias horas desde los campos agrícolas de Sinaloa o días desde Oaxaca, los inmigrantes no encontraban ni donde descansar, ya que una vez aceptada su petición de trabajo, de inmediato tenían que poner manos a la obra para construir sus casas con el material al alcance: plásticos, lonas, ramas recogidas del campo. Después de días podían acudir al vigilante del campo para obtener materiales más fuertes y seguros, los cuales eran tramitados ante el patrón.
A mediado de los ochenta, el patrón construyó cuartos de material de dimensiones tan pequeñas, que solo eran usados para dormir y guardar las pertenencias. Para cocinar, varias familias podían improvisar una estufa con los tambos de metal volteado y un boquete de lado, con la doble función de estufa y contenedor de leña. Los baños o letrinas se afilaban a las orillas de los campamentos al igual que los lavaderos colectivos, donde las mujeres y hombres en las tardes ocupaban su tiempo de descanso en las tareas de limpieza personal y doméstica. Los pobladores del campamento recuerdan que no había luz, ni agua corriente en los cuartos o caseríos. Durante las noches se alumbraban con velas o con lámparas de petróleo y cocinaban con maderos en la madrugada o en la noche. Aunque, los mismos pobladores recuerdan que sentían tranquilidad de tener un trabajo seguro para todos los miembros de la familia, la precariedad de las condiciones de vida que redundaban en la ausencia de libertad para organizar su vida familiar y contratarse con otros patrones, así como el aislamiento geográfico llevaron a un grupo de trabajadores a buscar un terreno donde vivir y establecer sus viviendas.
La idea de iniciar de cero, es decir tomar el terreno, construir la vivienda, en fin iniciar una vida, recuerda a los colonos de cualquier lado del mundo en el sentido más pleno de la palabra. Con esas ideas, un grupo de residentes habló con el patrón, dueño del rancho y campamento, Antonio García. La reacción inmediata fue la oposición al cambio, pero después de negociaciones y fallidos paros laborales, decidió otorgar a 20 familias un terreno propio en la colonia Militar en la delegación de Camalú. Este hecho abrió la oportunidad esperada por muchas familias y la noticia cundió por otros campamentos del valle, por lo que pronto el número de solicitantes se duplicó. Frente a tal situación, el resto de las familias iniciaron gestiones ante diversas instancias gubernamentales, por lo que el problema pasó a manos del gobierno estatal. Meses atrás el gobierno había fraccionado un terreno perteneciente a la familia Collins en las inmediaciones de la delegación Vicente Guerrero al sur del Valle, dándole el nombre de Fraccionamiento las Misiones. Los oficios que los solicitantes enviaron a Corette y a otras instancias gubernamentales no prosperaron, por lo que los trabajadores tomaron el terreno que el gobierno ya tenía fraccionado. A mediados de 1997, después de plantones, tomas de oficinas y la toma del terreno, finalmente el terreno fue otorgado a 320 familias en igual número de lotes.
En la colonia predominan los residentes de origen triqui del municipio de San Juan Copala, quienes conviven con mixtecos, zapotecos y mestizos de Sinaloa y Zacatecas. El patrón residencial es prioritariamente familiar, de tal forma que existen grupos de familias triquis que se dispersan por toda la colonia. En el año 2007, el proceso de regularización de las tierras ocupaba gran parte de las energías sociales y económicas de las familias, quienes obtenían su ingreso principalmente de la agricultura en trabajos cada vez más flexibles por tarea o por destajo. Una parte de los pioneros colonos siguen laborando con Antonio García, quien envía sus camiones a recoger a los trabajadores en la calle principal de la colonia todos los días a las 6 de la mañana.
El dominio cultural de los triquis en la colonia se refleja en la iniciativa de renombrar a la colonia como Nuevo San Juan Copala, aún cuando existe una controversia entre los habitantes, y particularmente con los jóvenes de segunda generación de origen indígena. Además, los líderes triquis han logrado reproducir el sistema de autoridad tradicional, nombrando una autoridad triqui que cuenta con un salón de sesiones. La fiesta de San Juan, el santo patrono de la comunidad, se realiza a través de una cofradía que funciona en forma muy parecida al lugar de origen, con comida comunitaria, procesión, misa y feria popular con juegos mecánicos y competencias deportivas. Esta es la festividad de la colonia, donde anualmente asisten funcionarios del nivel local y municipal, en forma muy parecida con lo que sucede en el lugar de origen y los habitantes se preparan con sus mejores galas.
4. Conclusiones:
Este trabajo ha presentado algunas experiencias de asentamiento indígena en Baja California. Tales experiencias muestran que los inmigrantes indígenas siguen cursos diferenciados de acuerdo con su adscripción étnica, comopurépechas, mixtecos o triquis dada su historia local en los lugares de origen, pero a la vez nos muestra cursos muy distintos dependiendo de que este proceso suceda en una ciudad fronteriza como Tijuana o bien en una región agrícola de exportación como el Valle de San Quintín. Esto es lo que Smelser (2002) llama la fuerza del contexto en la definición de un fenómeno social, es decir la condición de indígena no sólo obedece a los contextos de salida sino también a los contextos de llegada. Cada contexto urbano o agrícola-exportador presenta oportunidades distintas de asentamiento, no obstante es posible delinear algunas etapas con estrategias y mecanismos comunes de este proceso de asentamiento desde la acción de los inmigrantes.
1. Un primer momento es el arribo, hospedaje temporal y la incorporación a un empleo. En este momento las redes parentales juegan un papel crucial, aún cuando este momento puede estar organizada por el empleador – como es en el caso de San Quintín.
2. Un segundo momento es la independencia residencial, ya sea de la residencia del familiar o laboral donde se arribó. Ello implica, el traslado a otro lugar con la apropiación de un lote, construcción de una casa y la dotación de servicios. En esta etapa la movilidad transfronteriza del algún miembro es estratégica al incrementar los ingresos de la familia. A la vez en esta etapa sucede el encuentrocon otros migrantes étnica o regionalmente diferentes.
3. Un tercer momento, es la apropiación de espacios colectivos asociados a la identidad comunitaria – casi siempre local pero puede cobrar matices étnicos, como la escuela, la iglesia, la reproducción de fiestas o de la autoridad tradicional. O bien renombrando el nuevo territorio. En estos dos últimos momentos, las redes familiares siguen funcionando pero las de paisanaje resultan estratégicas en la intermediación con los representantes de gobierno local. En estos momentos parece dominar la adscripción local a pueblos específicos o bien regionales.
4. Un cuarto momento es la activa intermediación de agentes individuales y colectivos de estas comunidades ante agencia de gobierno, ya no como inmigrantes sino como residentes. Aquí funcionan las redes de paisanaje, pero también las redes y adscripciones étnicas.
Las primeras dos etapas parecen funcionan con la lógica de la subsistencia familiar, mientras las dos últimas siguen la lógica del sentido de pertenencia al nuevo lugar. Sin embargo, en polémica con Scudder (1985) se puede decir que desde el segundo momento, el proceso de arraigo ha sido desatado, pero primero opera en el seno familiar y en los momentos posteriores funciona en el seno comunitario y luego urbano-regional, que podríamos calificar como público. En este sentido, el proceso de asentamiento no solo es instrumental en términos de adaptación social, sino también simbólica, en la medida que implica un apego afectivo al lugar de llegada que sucede en forma paulatina. El arraigo sería ese proceso de apego al nuevo territorio que reorienta el horizonte vital y cultural de los inmigrantes, sin que implique una ruptura de relaciones con el lugar de origen, sino más bien en algunos momentos puede haber una revitalización simbólica a través de la reproducción de emblemas y espacios que recrean la identidad comunitaria ligada al origen. A la vez, la rearticulación familiar y comunitaria pasa por esa relación con el lugar de origen y con la relación con familiares y paisanosasentados en Estados Unidos, particularmente en California.
Adicionalmente, para estas poblaciones el arraigo implica una constitución de sujetos de gobierno en los nuevos lugares de llegada, que les permite reconstituirse como sujetos de derecho en la nueva sociedad y donde las adscripciones útiles son las que les ofrecen más beneficios en la relación con el gobierno, como son las étnicas subordinadas y no las locales.
Pies de página
1 Investigadora del Departamento de Estudios Culturales. El Colegio de la Frontera Norte. lvelasco@colef.mx.
2 Baja California es el tercer estado de la frontera norte con mayor población indígena (6%), después de Sonora (10%) y de Chihuahua (7.6%). (Corona y Serrano, 2010:34)
3 Ver Corona y Serrano, 2010: 34-35.
4 En Baja California el 43% es nacido fuera. En Ensenada es el 39.91 % y en Tijuana es el 50.8%. INEGI, 2000.
5 Los datos que son presentados en este artículo tienen como fuente dos proyectos de investigación. Migración, Trabajo Agrícola y Etnicidad: la articulación de lo global, nacional y local en el Valle de San Quintín en Baja California. 2004-2007, Laura Velasco, Marie Laure Coubes y Christian Zlolniski. Y el proyecto: “Condiciones de Vida e Integración Social de la Población Indígena en Tijuana, B. C.” 2005-2006, Laura Velasco, Rodolfo Corona, Marie Laure Coubes, Marcos Reyes y Rafael Vela.
6 Comisión para la Regularización de la Tenencia de la Tierra del Gobierno del Estado de Baja California.
7 En 1989, Playas de Rosarito era una delegación de Tijuana y en 1995 se convirtió en Municipio.
8 Se llama así a las personas que trabajan en Estados Unidos y viven en México y cruzan todos los días.
9 En el año 2000 el municipio de San Miguel El Grande tenía 16 localidades, de las cuales 14 no sobrepasaban los 500 habitantes.
10 Debido a que Oaxaca cuenta con 500 municipios, es útil la división distrital en Oaxaca.
11 Varios de los sanmigueleños se acogieron a la Ley Simpson Rodino en 1986.
12 Jaime Aparicio Ramírez. Tesorero. Asociación SAA NJI ÑUU. Tijuana, B.C. 18 de Octubre de 2005. Entrevista realizada por Laura Velasco.
13 Este fenómeno se presenta a intervalos de dos a siete años y se caracteriza porque la superficie del mar y la atmósfera sobre él presentan una condición anormal de lluvias excesivas durante un período que va de doce a dieciocho meses. http://elnino.cicese.mx/nino.htm. Consultado el 26 de marzo de 2010.
14 (Colef-Conepo, 2003).
15 (Colef-Conacyt, 2003).
16 La Región Triqui Alta incluye los municipios Chicahuaxtla e Itunyoso de mayor altura y clima más frío, que los municipios de la Triqui Baja.
17 Según Lewin y Sandoval (2007) la historia de violencia parece asociarse con el despojoterritorial y el dominio político que ejercieron mestizos y mixtecos sobre el pueblo triqui. En las últimas décadas la violencia triqui se ha asociado con la militancia en las organizaciones políticas en laregión, extendiéndose por los lazos de parentesco al igual que en el pasado.
Bibliografía:
Del Acebo, Enrique. 1996. Sociología del Arraigo. Una lectura crítica de la teoría
de la ciudad. Editorial Claridad. Buenos Aires. Argentina.
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