Posts Etiquetados ‘Trique’

La frontera como nuevo terruño: Migración y arraigo de indígenas en Baja California

Lunes, noviembre 22nd, 2010

Laura Velasco Ortiz1 

1.    Introducción.

La presencia de indígenas en Baja California2 no sólo es resultado de la migración. Desde hace siglos existen grupos indígenas nativos asentados  tanto del lado mexicano como del lado estadounidense  de la frontera (Garduño, 2003).  Sin embargo, desde mediados del siglo XX la población indígena se ha incrementado notoriamente por la inmigración procedente del sur de México. A tal grado, que en el año 2000 los indígenas de origen migrante constituían el 99.8% de la población indígena del estado.3 

El énfasis en la movilidad que implica  la migración de estas poblaciones obscurece la vitalidad del proceso de asentamiento que experimentan una vez en tierras fronterizas. Es decir, estos nuevos residentes en su origen migrantes, al instalarse en los nuevos lugares desatan un conjunto de estrategias para asir su existencia individual y colectiva al nuevo  lugar. El objetivo de este artículo es ilustrar este proceso asentamiento que implica una diversidad de prácticas que derivan en lo que llamo arraigo y que tiene expresiones en la vida familiar y comunitaria.  

El proceso de arraigo de los indígenas en  Baja California esta filtrado por la discriminación étnica vigente en todo  el país. Sin embargo, en una sociedad fronteriza caracterizada por la diversidad de los orígenes geográficos resultado de la migración4, la dicotomía indígena-mestizo parece matizarse en medio de la diversidad cultural que implica el encuentro constante con personas de distintas latitudes en ambos lados de la frontera. 

Si bien es pertinente hablar de indígenas (Bonfil, 1987), es debido aclarar que tal categoría étnica es una construcción colonial y nacional  que reduce la gran diversidad de expresiones culturales  y de adscripciones de identidad local y regional. Esta diversidad es visible en  la persistencia de 62  lenguas indígenas en el país, y gracias a la migración una proporción importante de ellas es practicada en Baja California. Por lo que a lo largo del artículo se busca distinguir las adscripciones locales de los inmigrantes de origen indígena en un intento por presentar las distintas formas de ser indígena y vivir el arraigo. 

La importancia de las redes de parentesco y de paisanaje para el proceso de asentamiento se observa con mayor claridad al documentar corrientes de pueblos específicos, debido a la fuerza de las adscripciones locales. Es decir si bien es menester distinguir a los purépechas de los mixtecos, resulta fundamental encontrar las lógicas de solidaridad y conflicto de orden local que rigen el asentamiento y arraigo a la ciudad.  

Este artículo describe el proceso de asentamiento y arraigo de los indígenas de los municipios de Tijuana y Ensenada, debido a que en ambos municipios se concentran más de dos terceras partes de los indígenas del estado. En particular se presentan algunos casos de núcleos indígenas que proceden de una localidad de origen común y que  dan cuenta de la diversidad  de flujos migratorios y procesos de asentamiento en un escenario urbano: Tijuana y uno rural: el Valle de San Quintín, Ensenada.  

Para el caso de Tijuana, los purépechas y los mixtecos son los casos elegidos,  y de estos últimos se distinguen a los  que proceden del estado de Oaxaca de aquellos del estado de Guerrero. Para el caso del Valle de San Quintín, en Ensenada, se presenta el escenario general del asentamiento de los mixtecos, enfocándose en la descripción del caso de los  triquis5.  

1.  Llegar y quedarse: asentamiento y arraigo.

A fines de la década de los cincuenta, el entonces territorio de Baja California empezó a recibir inmigrantes indígenas  en las áreas agrícolas de Mexicali y Ensenada  y poco más tarde en la joven  Tijuana en el trayecto de su viaje a Estados Unidos. Entre esos viajeros había indígenas de origen purépecha de la Meseta Tarasca de Michoacán que, en medio de las oleadas de michoacanos, buscaban cruzar al otro lado de la frontera. También había mixtecos procedentes de la Mixteca Baja y Alta de Oaxaca contratados para trabajar temporalmente en Sinaloa, y luego ir a Estados Unidos.  Al parecer, ambos grupos fueron los pioneros en la migración indígena a la frontera bajacaliforniana, y sentaron las bases de las actuales redes de migrantes que funcionan con base en el parentesco y el paisanaje para los migrantes más recientes como los zapotecos, triqui y nahuas.  

La historia de la migración indígena señala que el traslado y arribo de personas procedentes de pequeñas localidades de origen indígena del sur del país funcionó gracias a los apoyos de distintos miembros de la familia a la vez que de la comunidad local. Pero como se observa en los casos contenidos en este trabajo, una vez que los inmigrantes logran establecerse con algún familiar o paisano, se abren paso para adquirir una vivienda y velar por la dotación  de servicios para luego acceder a los beneficios que da la posibilidad de adscribirse étnicamente como indígenas de un grupo específico: como mixtecos o purépechas, particularmente en la relación con actores locales o funcionarios de gobierno.   

La fijación al nuevo territorio se da a nivel práctico y a nivel simbólico e implica una experiencia totalizadora (Del Acebo, 1996) que pasa por momentos distintos, y los cuales trataremos de discernir a lo largo del articulo.  Interesa presentar casos de asentamiento  que derivan en arraigo, teniendo en mente la propuesta de Scudder (1985), quien considera que el éxito de un asentamiento se da cuando los colonos desarrollan un sentido de arraigo y pertenencia, yendo más allá de la satisfacción de necesidades básicas. 

Los distintos momentos del asentamiento están cruzados por una urgente necesidad de reconstrucción práctica y  simbólica del hogar y de la comunidad local. En ello, el sentido de continuidad con los ancestros y lugar de origen es vital, por lo que el arraigo no elimina las interacciones con los lugares de origen y con otros lugares de migración, donde se dispersan los familiares y miembros del pueblo o localidad, como son aquellos en suelo estadunidense, y con quienes se establecen interacciones transfronterizas.  

El estudio del proceso de asentamiento de las poblaciones indígenas en el estado  (Coubes, Velasco, Zlolniski, 2010; Velasco, 2010) permiten afirmar que el patrón de asentamiento espacial no es homogéneo entre los indígenas, es decir difícilmente es posible hablar de segregación espacial – con excepción de los campamentos de trabajadores en los campos agrícolas  de Ensenada. Una cualidad de estos asentamientos es el contacto constante entre personas distintas, en términos étnicos y regionales, lo que  permite contactos cotidianos entre personas con adscripciones étnicas diferentes como mixtecos y purépechas, o de origen local y regional diferente como jaliscienses y oaxaqueños.  

2.  Los indígenas en Tijuana: purépechas y mixtecos.

2.1 El arribo de los purépechas de  Michoacán. 

Los migrantes purépechas  se concentran en los municipios de Tijuana y Rosarito, y proceden de localidades ubicadas en la Meseta Purépecha, situada en la parte central del estado de Michoacán y que comprende tres zonas: La Lacustre, la Sierra y la Cañada. En particular,  los municipios de Patzcuaro, Nahuatzen y Cherán son el origen de la mayoría de purépechas  residentes en ambos municipios. Hasta la fecha ha sido posible documentar los casos de tres núcleos de migrantes purépechas cuya migración y asentamiento en la ciudad de Tijuana se dio a partir de los años sesentas procedentes de los municipios de Patzcuaro y Nahuatzen en la corriente de trabajadores  indocumentados a  Estados Unidos y otros procedentes del municipio de  Cheran quienes migraron en los años cincuenta al corte de algodón en Mexicali. A continuación se presenta el caso de los migrantes procedentes de la Isla de Janitzio, en el municipio de Patzcuaro, por ser la inmigración más antigua a la ciudad.  

Desde la Isla de Janitzio, Pátzcuaro. 

A mediados de la década de los sesenta, los primeros inmigrantes procedentes de Janitzio arribaron a Tijuana con la idea de cruzar sin documentos a Estados Unidos. En tantos estos hombres pioneros arreglaban el cruce de la frontera y la colocación en un empleo, se dedicaban a vender cigarros en las calles céntricas de la ciudad.  Con el tiempo decidieron elaborar y vender piñatas, cayendo muy pronto en cuenta que este oficio era mejor que andar por las calles vendiendo cigarros. Según Clark (1991), estos primeros productores trabajaban en forma familiar bajo pedido de intermediarios en Estados Unidos. 

Así se inició el primer asentamiento familiar en la zona norte de Tijuana alrededor de la producción de piñatas. En esta primera década, las redes familiares sirvieron de soporte a la instalación residencial y de colocación en un empleo, sin embargo con el paso de los años estas redes se abrieron hacia personas que procedían de otros pueblos de Michoacán, siendo de gran utilidad para la movilidad en el empleo. 

A fines de los años ochenta, estos residentes purépechas rentaban en la zona norte de la ciudad, cuando se les presentó la oportunidad de adquirir un terreno en la colonia Constitución en el municipio de Playas de Rosarito. En 1987, 150 familias de origen purépecha, la mayoría, procedente de la Isla de Janitzio, se instalan en la colonia, y en forma  organizada enfrentan la  construcción de sus viviendas y la dotación de servicios.   

Una vez en la colonia, los nuevos habitantes reprodujeron las fiestas comunitarias y el traslado de los iconos religiosos  de sus lugares de  origen. Muy pronto apareció la imagen de “Nuestra señora  de Carácuaro”, a nombre de quien se recaudaban fondos casa por casa para hacer los festejos anuales. Para 1994, estos nuevos residentes,  organizados en  un comité lograron la dotación de 7 terrenos de parte de Corette6, en donde iniciaron la construcción de la capilla para la virgen itinerante, algunas áreas verdes y el salón purépecha, que sirvieron como lugares de encuentro comunitario y visibilización étnica ante  los vecinos y el gobierno.  

Al trasladarse del centro a un suburbio de Tijuana7, las relaciones gubernamentales con el Instituto Nacional  Indigenista (ahora Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas), tuvieron que redefinirse a partir de las nuevas necesidades como colonos; así surgió el proyecto de construcción de la escuela bilingüe, que se acompañó con la búsqueda y capacitación de profesores hablantes de purépecha. La escuela sirve  como lugar de referencia para la revalorización de la lengua indígena y de  la reproducción de festividades, donde participan familias y comunidad.   

2.2 Los mixtecos fronterizos. 

La llegada a Tijuana de los mixtecos de Oaxaca en los años sesenta y de Guerrero en los años ochenta, está asociada con el auge agrícola del noroeste de México y el suroeste de Estados Unidos. En las historias personales y familiares de migración, Tijuana aparece como un punto geográfico que articula distintos lugares en el amplio corredor agrícola que atraviesa ambos países. En esta ciudad se desarrollaron los primeros núcleos de  residentes Mixtecos; en sus calles se formaron los primeros grupos de vendedoras ambulantes en la zona turística y de jardineros en las colonias de clase media.  

En la década de los ochenta, Tijuana fue un lugar clave para el resguardo de las familias en tanto arreglaban los documentos para internarse a Estados Unidos. 

Fue la década de la Ley Simpson Rodino y el inicio de los commuters8 de origen mixteco (Velasco, 1995). Para la década  de los noventa, no sólo los Mixtecos oaxaqueños habían establecido su residencia en esta ciudad fronteriza, sino también un núcleo de Mixtecos guerrerenses.  

La región Mixteca incluye porciones territoriales de Oaxaca, Guerrero y Puebla.

Después de un siglo de instauradas las fronteras político-administrativas es posible observar diferencias importantes en términos de condiciones de vida y de autoadscripción entre los mixtecos oaxaqueños y los guerrerenses. Tales diferencias parecen persistir en el proceso de migración y en el asentamiento en la ciudad de Tijuana, como se observará  más adelante. Por ello, es adecuado separar la descripción de la migración de los Mixtecos de Oaxaca y de Guerrero. A continuación se presenta el caso de la migración de San Miguel El Grande, en el distrito de Tlaxiaco, perteneciente a la Mixteca Alta, que es uno de los flujos más recientes. 

Mixtecos de Oaxaca: desde San Miguel El Grande, Tlaxiaco.

San Miguel El Grande9 es cabecera municipal en el distrito10 de Tlaxiaco en la Mixteca Alta. A mediados de siglo XX, los habitantes se dedicaban principalmente al cultivo del maíz en combinación con  algunas leguminosas como frijol y haba. 

San Miguel El Grande, como otras localidades de la región Mixteca de Oaxaca, vivió la migración a Veracruz en la  década de los cincuentas y sesentas, simultáneamente que al Distrito Federal,  en pleno auge de la industria de la construcción en las obras del Metro.  La migración a la agricultura moderna del noroeste de México y suroeste de Estados Unidos, también aparece en la historia de San Miguel. En los años ochentas, Camalú en el Valle de San Quintín, B.C., era destino y lugar de asentamiento de un grupo de familias de San Miguel que se contrataban en el corte de tomate. 

A fines de los setentas los primeros sanmigueleños se instalan en cuartos  de renta en el centro de Tijuana, y a mediado de los ochenta se trasladan hacia la periferia tras la oferta de líderes sociales para lograr un terreno donde asentarse con sus familias. Así se inicia el asentamiento en Camino Verde y años más tarde en la colonia Gabriel Rodríguez, gracias a la compra directa al ejidatario.  En estas nuevas condiciones de vida,  las mujeres se dedicaban al trabajo doméstico y los hombres al empleo fabril. Actualmente el trabajo en la maquila se ha extendido entre hombres y mujeres, aunque hay algunos dedicados al comercio o bien como commuters en la agricultura de California.  Desde el primer asentamiento, los hombres continuaron con la migración  a Estados Unidos para trabajar por temporadas en el corte de tomate y de la uva en combinación con el corte de manzana en Washington. Una parte de ellos  logró su regularización bajo el IRCA de 1986, lo cual facilitaba la movilidad de la mayoría sin documentos.11 

El núcleo de San Miguel se encuentra disperso en distintas colonias de Tijuana y  San Quintín, en Baja California, y en San Diego y Madera,  en California. Estos últimos asentamientos del lado estadounidense de la frontera ayudan a la movilidad de los sanmigueleños a través de la frontera y apoyan a sus familiares de lado mexicano.  

La organización comunitaria fue activada por las visitas de los presidentes municipales desde 1993. Al  principio con el objetivo  de recaudar fondos para el pueblo y después para impulsar el establecimiento de  una autoridad que reprodujera la estructura territorial del municipio en Oaxaca e  incitarlos a que se organizaran para resolver problemas de los paisanos en Tijuana.12 

Desde entonces, los san migueleños eventualmente hacen contribuciones al lugar de origen  a través de un comité, lo cual les permite mantener algunos  derechos, como el usufructo de las tierras comunales o el ejercicio de cargos comunitarios en San Miguel. 

Los mixtecos de Guerrero: desde Xochapa, Guerrero.

La localidad de Xochapa pertenece al municipio de Alcozauca, distrito Tlapa de Comonforten la Región de la Montaña de Guerrero.  El municipio de Alcozauca es limítrofe con el estado de Oaxaca y  sus habitantes son mayoritariamente indígenas mixtecos y nahuas (76.5%), cuya ocupación principal es la agricultura de subsistencia. 

Desde los años cincuenta y sesenta, muchos hombres de este poblado salieron a trabajar a Veracruz  y a Morelos al corte de caña. En esos mismos años se inicio una migración familiar muy extendida con dirección a Culiacán, Sinaloa para trabajar en la agricultura. Cuando las vías de comunicación se extendieron a la cabecera municipal y distrital se hizo posible la salida a la ciudad de México. 

Los  primeros xochapanses  llegaron   a Tijuana en 1985, con la intención de cruzar la frontera con rumbo a Madera o Fresno, California a la cosecha de uva y tomate. En medio de entradas y salidas de Estados Unidos se fueron quedando en Tijuana. Ya en los años noventa dos familias tomaron un lote baldío de la colonia Vista Hermosa, donde construyeron sus casas y después trajeron a sus familiares desde Xochapa. Una vez reconstituido el hogar, se estableció un patrón familiar en el que las mujeres se quedaban en esta ciudad y los hombres volvían a cruzar la frontera a la cosecha de la uva, el tomate y la manzana, ya no sólo a California sino también a  Oregon y Washington.   

En 1993, las lluvias del “Niño”13 devastaron gran parte de la ciudad de Tijuana, particularmente las colonias asentadas en los cañones de los cerros. Muchos habitantes de esos lugares tuvieron que ser trasladados a refugios y luego reubicados. Ese fue el caso de lo xochapenses, quienes fueron reubicados en Valle Verde al este de la ciudad. Una vez  establecidos en esta nueva colonia, los nuevos residentes continuaron con la migración a Estados Unidos, pero a partir de 1994 el cruce se hizo cada vez más difícil; por lo que aunque algunos siguieron con  el cruce a Estados Unidos, en su mayoría sin documentos y  por temporadas, otros se quedaron a trabajar en las fábricas. Con el traslado a Valle Verde el grupo de familias tuvo que enfrentar la construcción de viviendas, la dotación de servicios y la regularización de los terrenos. Dado que ya contaban con una organización informal, basada en las relaciones parentales y de adscripción local, que había funcionado para su llegada y establecimiento en Tijuana, no fue difícil continuar con ella en Valle Verde. 

Entre 1993 y 1997, este grupo de Mixtecos guerrenses estaba organizado como comité de colonia a través del  cuál construyeron la escuela, se ayudaron en la construcción de viviendas y  en la tramitación de servicios; además de ayudar a enfrentar los problemas de orden judicial de las vendedoras ambulantes. 

Actualmente, las mujeres Mixtecas de  Guerrero que se dedican a la venta ambulante en varios puntos de la ciudad; sin embargo ha ido en aumento el número de mujeres jóvenes que trabajan en las fábricas y en el servicio doméstico en Tijuana. Los hombres son albañiles y existe un grupo importante que trabaja en Estados Unidos por temporada de enero  a agosto; durante la cual acumulan ahorros para pasar el resto del año en  Valle Verde.   

En 2005, 157 familias Mixtecas originarias de Guerrero y cerca de 10 familias Mixtecas originarias de Oaxaca estaban asentadas en Valle Verde, y ya contaban con luz, agua, drenaje y teléfono; la pavimentación y las banquetas son los proyectos aún en curso.  

En ese mismo año, ya se realizaba el festejo de San Francisco de Asís, bajo la dirección de una cofradía y con una importante fiesta comunitaria de varios días, la cual incluye una procesión,  misa y fiesta comunitaria, para lo cual cuentan con el apoyo de la Comisión para el Desarrollo de  los Pueblos Indígenas y la oficina de Culturas Populares. 

3.  Los mixtecos y triquis en el Valle de San Quintín, Ensenada.

El valle de San Quintín se encuentra en el sur del el municipio de Ensenada y es la región agrícola de exportación más importante en Baja California. El poblamiento de la región se asoció desde  su origen en los años sesentas a la migración de trabajadores agrícolas –muchos de ellos indígenas- atraídos por el despegue de la producción hortícola y de frutas frescas  de exportación.  

En el año 2000 poco más de la mitad   de la población había nacido fuera en estados como Oaxaca (39.1%), Sinaloa  (13.9%), Michoacán (8.5%), Guerrero (6%) y Veracruz (4.5%). Y el 16% de los habitantes mayores de 5 años hablan una lengua indígena como el mixteco, el triqui y el zapoteco14.  

El perfil actual, en términos étnico y migratorio, de la región es resultado de un proceso de asentamiento poblacional en las ultimas tres décadas, que sintetizó una serie de cambios de distinto orden.  Uno de ellos, quizá el de mayor importancia por la centralidad en la vida regional, fue el cambio tecnológico registrado en la producción. Tal cambio significó la ampliación de los tiempos de cultivo a todo el año y el incremento del rendimiento por superficie sembrada, y por lo tanto la demanda de mano de obra flexible en tiempo y cantidad a lo largo del año.  

Tal transformación tuvo repercusiones en la dinámica del flujo migratorio y en las formas de residencia. Una de las imágenes más populares de la región en los años ochenta, fue la de los campamentos precarios donde se hospedaban los trabajadores agrícolas y sus familias. Las movilizaciones de trabajadores de esos años respondían a la precariedad y explotación en los campos de cultivo y se ligaron a la creación de colonias en los alrededores de los campos agrícolas. 

El cambio de residencia de campamento a colonias tuvo un impacto tremendo en la vida familiar y comunitaria de los trabajadores, al permitir la separación de los espacios de reproducción de los de producción, permitiendo a los trabajadores mayor libertad para organizar su vida familiar y a la vez para contratarse con varios empleadores a lo largo del año. Aún cuando el cambio de residencia modificó el perfil de la región en todos  los ámbitos, no eliminó la vocación agrícola de la región, ya que todavía en 2003,  la agricultura ocupaba a poco más de lamitad de la población y los indígenas se dedican en mayor medida a la agricultura en condiciones de peones.15 

Los mixtecos de Oaxaca son los pioneros de la región, debido a su patrón de movilidad en el noroeste mexicano y el suroeste estadunidense desde los años sesenta.  Su arribo a la región  obedece al funcionamiento del sistema de contratación por enganche en las localidades de origen, practicado por las empresas agrícolas norteñas.  

Tal vez debido a que son el grupo pionero en su arribo a la región, los mixtecos de Oaxaca ya no dominan en los campamentos actuales, sino que han sido reemplazados por mixtecos de Guerrero y triquis de Oaxaca, y en forma más incipiente por nahuas de Guerrero y Veracruz.  Los mixtecos dominan en las  colonias de trabajadores fundadas en los años ochentas, por lo que no es extraño que las escuelas fundadas entonces fueran gestionadas por profesores de origen mixteco. Dada la mayor documentación del caso mixteco en el valle, en este artículo presento el caso de los triquis, por constituir  un grupo minoritario demográficamente tanto  en  la región de San Quintín como en Oaxaca y por representar una experiencia de asentamiento más reciente. 

3.1 Nuevo  San Juan Copala: Los triquis en San Quintín.

Nuevo San Juan Copala es una colonia popular en la delegación Vicente Guerrero. Su nombre rememora el lugar de origen de muchos de sus habitantes en el estado de Oaxaca.  

San Juan Copala es el centro ceremonial y político de la Región Triqui Baja16, y se encuentra rodeada por localidades de origen mixteco en la Región Mixteca de Oaxaca.  Su historia ha estado entretejida con la de los mixtecos, debido a su coincidencia regional y su relación de subordinación política que los ha colocado en el estrato más bajo en la jerarquía étnica de la región. Según Lewin y Sandoval (2007) los triquis poseen una particular vitalidad idiomática y  organizativa entérminos socioterritoriales que los distingue de otros grupos indígenas. Por ello no es extraño su tendencia en el valle de San Quintín a renombrar las colonias donde habitan, aludiendo a los lugares de origen (Nuevo San Juan Copala o Nueva Región Triqui).  

La migración triqui es cercana históricamente a la mixteca, ya que los habitantes de la región triqui también participaron en las corrientes de trabajadores a los campos agrícolas del noroeste mexicano y, aunque más tarde, a las del suroeste estadounidense; sin embargo, esta migración ha estado matizada por la dinámica de violencia en la región, por lo que a la búsqueda de empleo se acompañaba la necesidad frecuente de huir, evitando la muerte por venganza17. Es común escuchar historias sobre la huida de las localidades de origen para salvar la vida tras una venganza anunciada, que podía tener como origen un conflicto por linderos de tierras o bien por agravios como robo de ganado. 

La colonia Nuevo San Juan Copala en el Valle de San Quintín fue fundada en 1997 por familias de trabajadores agrícolas que provenían del campamento Aguaje del Burro,  y de algunas cuarterías del valle, con la ilusión de tener un terreno propio. La residencia en el campamento marca un hito en la memoria de los actuales residentes de la colonia.  

Los testimonios dan cuenta de que al arribar al campamento Aguaje del Burro en los años ochenta, los recién llegados negociaban de inmediato su contratación en el campo, y luego su inclusión en el campamento. Después de viajar varias horas desde los campos agrícolas de Sinaloa o días desde Oaxaca, los inmigrantes no encontraban ni donde descansar, ya que una vez aceptada su petición de trabajo, de inmediato tenían que poner manos a la obra para construir sus casas con el material al alcance: plásticos, lonas, ramas recogidas del campo. Después de días  podían acudir al vigilante del campo para obtener materiales más fuertes y seguros, los cuales eran tramitados ante el patrón.  

A mediado de los ochenta, el patrón  construyó cuartos de material de dimensiones tan pequeñas,  que solo eran usados para dormir y guardar las pertenencias. Para cocinar, varias familias podían improvisar una estufa con los tambos de metal volteado y un boquete de lado, con la doble función de estufa y contenedor de leña. Los baños o letrinas se afilaban a las orillas de los campamentos al igual que los lavaderos colectivos, donde las mujeres y hombres en las tardes ocupaban su tiempo de descanso en las tareas de limpieza personal y doméstica.  Los pobladores del campamento recuerdan que no había luz, ni agua corriente en los cuartos o caseríos. Durante las noches se alumbraban con velas o con lámparas de petróleo y cocinaban con maderos en la madrugada o en la noche. Aunque, los mismos pobladores recuerdan que sentían tranquilidad de tener un trabajo seguro para todos los miembros de la familia, la precariedad de las condiciones de vida que redundaban en la ausencia de libertad para organizar su vida familiar y contratarse con otros patrones, así como el aislamiento geográfico llevaron  a un grupo de trabajadores a buscar un terreno donde vivir y establecer sus viviendas.  

La idea de iniciar de cero, es decir tomar el terreno, construir la vivienda, en fin iniciar una vida, recuerda a los colonos de cualquier lado del mundo en el sentido más pleno de la palabra. Con esas ideas, un grupo de residentes habló con el patrón, dueño del rancho y campamento, Antonio García. La reacción inmediata fue la oposición al cambio, pero después de  negociaciones y fallidos paros laborales, decidió otorgar a 20 familias un terreno propio en la colonia Militar en la delegación de Camalú. Este hecho abrió la oportunidad esperada por muchas familias y la noticia cundió por otros campamentos del valle, por lo que pronto el número de solicitantes se duplicó. Frente a tal situación, el resto de las familias iniciaron gestiones ante diversas  instancias gubernamentales, por lo que el problema pasó a manos del gobierno estatal. Meses atrás el gobierno había fraccionado un terreno perteneciente a la familia Collins en las inmediaciones de la delegación Vicente Guerrero al sur del Valle, dándole el nombre de Fraccionamiento las Misiones. Los oficios que los solicitantes enviaron a Corette y a otras instancias gubernamentales no prosperaron, por lo que los trabajadores tomaron el terreno que el  gobierno ya tenía fraccionado. A mediados de 1997, después de plantones, tomas de oficinas y   la toma del terreno, finalmente el terreno fue otorgado a 320 familias en igual número de lotes.  

En la colonia predominan los residentes de origen triqui del municipio de San Juan Copala, quienes conviven con mixtecos, zapotecos y mestizos de Sinaloa y Zacatecas. El patrón residencial es prioritariamente familiar, de tal forma que existen grupos de familias triquis que se dispersan por toda la colonia. En el año 2007, el proceso de regularización de las tierras ocupaba gran parte de las energías sociales y económicas de las familias, quienes obtenían su ingreso principalmente de  la agricultura en trabajos cada vez más flexibles por tarea o por destajo. Una parte de los pioneros colonos siguen laborando con Antonio García, quien envía sus camiones a recoger a los  trabajadores en la calle principal de la colonia todos los días a las 6 de la mañana.  

El dominio cultural de los  triquis en la colonia se refleja en la iniciativa de renombrar a la colonia como Nuevo  San Juan Copala, aún  cuando existe una controversia entre los habitantes, y particularmente con los jóvenes de segunda generación de origen indígena. Además, los líderes triquis han logrado reproducir el sistema de autoridad tradicional, nombrando una autoridad triqui que cuenta con un salón de sesiones. La fiesta de San Juan, el santo patrono de la comunidad, se realiza a través de una cofradía que funciona en forma muy parecida al lugar de origen, con comida comunitaria, procesión, misa y feria popular con juegos mecánicos y competencias deportivas. Esta es la festividad de la colonia, donde anualmente asisten funcionarios del nivel local y municipal, en forma muy parecida con lo que sucede en el lugar de origen y los habitantes  se preparan con sus mejores galas. 

4. Conclusiones:

Este trabajo ha presentado algunas experiencias de asentamiento indígena en Baja California. Tales experiencias  muestran que los inmigrantes indígenas siguen cursos diferenciados de acuerdo con su adscripción étnica, comopurépechas, mixtecos o triquis dada su historia local en los lugares de origen, pero a la vez nos muestra cursos muy distintos dependiendo de que este proceso suceda en una ciudad fronteriza como Tijuana o bien en una región agrícola de exportación como el Valle de San Quintín. Esto es lo que Smelser (2002) llama la fuerza del contexto en la definición de un fenómeno social, es decir la condición de indígena no sólo obedece a los contextos de salida sino también a los contextos de llegada. Cada contexto  urbano o agrícola-exportador presenta oportunidades distintas de asentamiento, no obstante es posible delinear algunas etapas con estrategias y mecanismos comunes de este proceso de asentamiento desde la acción de los inmigrantes. 

1. Un primer momento es el arribo, hospedaje temporal y la  incorporación a un empleo. En este momento las redes  parentales juegan un papel crucial, aún cuando este momento puede estar organizada por el empleador – como es en el caso de San Quintín. 

2. Un segundo momento es la independencia residencial, ya sea de la residencia del familiar o laboral donde se arribó. Ello implica, el traslado a otro lugar con la apropiación de un lote, construcción de una casa y la dotación de servicios. En esta etapa la movilidad transfronteriza   del algún miembro es estratégica al incrementar los ingresos de la familia. A la vez en esta etapa sucede el encuentrocon otros migrantes étnica o regionalmente diferentes. 

3. Un tercer momento, es la apropiación de espacios colectivos asociados a la identidad comunitaria – casi siempre local pero puede cobrar matices étnicos, como la escuela, la iglesia, la reproducción de fiestas o de la autoridad tradicional. O bien renombrando el nuevo territorio. En estos dos últimos momentos, las redes familiares siguen funcionando pero las de paisanaje resultan estratégicas en la intermediación con los representantes de gobierno local. En estos momentos parece dominar la adscripción local a pueblos específicos o bien regionales. 

4. Un cuarto momento es la activa  intermediación de agentes individuales y colectivos de estas comunidades ante agencia de gobierno, ya no como inmigrantes sino como residentes. Aquí  funcionan las redes  de paisanaje, pero también las redes y adscripciones étnicas. 

Las primeras dos etapas parecen funcionan con la lógica de  la subsistencia familiar, mientras las dos últimas siguen la lógica del sentido de pertenencia al nuevo lugar. Sin embargo, en polémica con Scudder  (1985) se puede decir que desde  el segundo momento, el proceso de arraigo ha sido desatado, pero primero opera en el seno familiar y en los momentos posteriores funciona en el seno comunitario y luego urbano-regional, que podríamos calificar como público. En este sentido, el proceso de asentamiento no solo es instrumental en términos de adaptación social, sino también simbólica, en la medida que implica un apego afectivo al lugar de llegada que sucede en  forma paulatina. El arraigo sería ese proceso de apego al nuevo territorio que reorienta el horizonte vital y cultural de los inmigrantes, sin que implique una ruptura de relaciones con el lugar de origen, sino más bien en algunos momentos puede haber una revitalización simbólica a través de la reproducción  de emblemas y espacios que recrean la identidad comunitaria ligada al origen. A la vez, la rearticulación familiar y comunitaria pasa por esa relación con el lugar de origen y con la relación con familiares y paisanosasentados en Estados Unidos, particularmente en California.  

Adicionalmente, para estas  poblaciones el arraigo implica una constitución de sujetos de gobierno en los nuevos  lugares de llegada, que les permite reconstituirse como sujetos de derecho en la nueva sociedad y donde las adscripciones útiles son las que les ofrecen más beneficios en la relación con el gobierno, como son las étnicas subordinadas y no las locales. 

Pies de página 

1 Investigadora del Departamento de Estudios Culturales. El Colegio de la Frontera Norte. lvelasco@colef.mx

2 Baja California es el tercer estado de la frontera norte con mayor población indígena (6%), después de Sonora (10%) y de Chihuahua (7.6%). (Corona y Serrano, 2010:34)

3 Ver Corona y Serrano, 2010: 34-35.

4 En Baja California el  43% es nacido fuera. En Ensenada es el 39.91 % y en Tijuana es  el 50.8%. INEGI, 2000.

5 Los datos que son presentados en este artículo tienen como fuente dos proyectos de investigación. Migración, Trabajo Agrícola y Etnicidad: la articulación de lo global, nacional y local en el Valle de San Quintín en Baja California. 2004-2007, Laura Velasco, Marie Laure Coubes y Christian Zlolniski.  Y el proyecto:  “Condiciones de Vida e Integración Social de la Población Indígena en Tijuana, B. C.” 2005-2006, Laura Velasco, Rodolfo Corona, Marie Laure Coubes, Marcos Reyes y Rafael Vela.

6 Comisión para  la Regularización de la Tenencia de la Tierra  del Gobierno del Estado de Baja California.

7 En 1989, Playas de Rosarito era una delegación de Tijuana y en 1995 se convirtió en Municipio.

8 Se llama así a las personas que trabajan en Estados Unidos y viven en México y cruzan todos los días.

9 En el año 2000 el municipio de San Miguel El Grande tenía 16 localidades, de las cuales 14 no sobrepasaban los 500 habitantes.

10 Debido a que Oaxaca cuenta con 500 municipios, es útil la división distrital en Oaxaca.

11 Varios de los sanmigueleños se acogieron a la Ley Simpson Rodino en 1986.

12 Jaime Aparicio Ramírez. Tesorero. Asociación SAA NJI ÑUU. Tijuana, B.C. 18 de Octubre de 2005. Entrevista realizada por Laura Velasco.

13 Este fenómeno se presenta a intervalos de dos a siete años y se caracteriza porque la superficie del mar y la atmósfera sobre él presentan una condición anormal de lluvias excesivas durante un período que va de doce a dieciocho meses. http://elnino.cicese.mx/nino.htm. Consultado el 26 de marzo de 2010.

14 (Colef-Conepo, 2003).

15 (Colef-Conacyt, 2003).

16 La Región Triqui Alta incluye los municipios Chicahuaxtla e Itunyoso de mayor altura y clima más frío, que los municipios de la Triqui Baja.

17 Según Lewin y Sandoval (2007)  la historia de violencia parece asociarse con el despojoterritorial y el dominio político que ejercieron mestizos y mixtecos sobre el pueblo triqui.  En las últimas décadas la violencia triqui se ha asociado con la militancia en las organizaciones políticas en laregión, extendiéndose por los lazos de parentesco al igual que en el pasado.  

Bibliografía:

Del Acebo, Enrique. 1996. Sociología del Arraigo. Una lectura crítica de la teoría

de la ciudad. Editorial Claridad. Buenos Aires. Argentina.

Bonfil, Guillermo. 1987:  El México Profundo, una civilización negada. Editorial Grijalbo. México.  

Corona, Rodolfo y Arcelia Serrano. 2010. Cuantificación y perfil sociodemográfico de los hogares indígenas en  el municipio de Tijuana,  B.C. en Velasco, Laura.

Tijuana indígena. Estudio sobre las condiciones de vida e  integración social de la población indígena a la ciudad. Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. 23-53.

Clark, Víctor. 1991. “Los mixtecos en la frontera (Tijuana), sus mujeres y el turismo.” Cuadernos de ciencias sociales 4, no. 10:1-52.

COLEF-CONACYT. 2003. Elaboración del proyecto “Migración trabajo agrícola y etnicidad” con base en los datos del XII Censo General de Población y Vivienda, 2000. INEGI.

CONEPO-COLEF. 2003. Encuesta a Jornaleros Agrícolas en Campamentos del Valle de San Quintín. Reporte de Investigación. El Colegio de  la Frontera Norte. Tijuana. México.

Garduño, Everardo.  2001. Los indígenas del norte de México: icono de una era transnacional. En Manuel Valenzuela  (coord) Por las fronteras del norte. Una aproximación cultural a la frontera México-Estados Unidos. Conaculta. Fondo de Cultura Económica.

INEGI. 2000. Censo General de Población  y Vivienda Baja California. Dirección General de Estadística. Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

Lewin Fischer, Pedro y Fausto Sandoval Cruz. Triquis. Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. http://www.cdi.gob.mx.

Scudder, Thayer. 1985. “A Sociological  Framework for the Analysis of Newland Settlements” en Putting People First. Sociological Variables in Rural Development. Oxford University Press. Oxford

Smelser, Neil J. 2002, “on comparative analysis, interdisciplinarity and internationalization  in Sociology” en  International Sociology, VOL. 18 núm.4, pp.643-967.

Velasco, Laura. 1995, “la conquista en la frontera norte: vendedoras ambulantes indígenas”, en  Estudiar a la familia, comprender a la sociedad, Premio 1995. México, PUEG,Conapo/DIF/UNAM-Azcapotzalco/DIF,1987, pp. 40-105

Fuente:

 http://www.colef.mx/BCa100anosdelarevolucionmexicana/wp-content/uploads/2010/04/Migraciones-indigenas.pdf

Día de muertos

Martes, noviembre 2nd, 2010

Día de muertos

(Wii Xnánca’a)

“Celebrando, conviviendo y recordando a nuestros familiares”

Denuncian indígenas triquis en San Luis Potosí acoso para afiliarlos a organizaciones políticas

Lunes, octubre 18th, 2010
San Luis Potosí, San Luis Potosí
15 de octubre de 2010
América Multimedios Agencia de Noticias

El Secretario General de Gobierno, Marco Antonio Aranda Martínez atendió hoy a un grupo de indígenas de la etnia oaxaqueña triqui, que elaboran artesanías para su venta en el Jardín de San Francisco y en calles aledañas, quienes pidieron la intervención de la administración estatal para resolver situaciones que los aquejan.

Los oaxaqueños dijeron no estar de acuerdo en afiliarse a grupos de comerciantes y organizaciones políticas, pues constantemente son presionados para ello por algunos líderes, ante lo cual el secretario de Gobierno ofreció mediar a fin de que se les respete su libertad a decidir si quieren o no pertenecer a determinada asociación.

En esta entrevista que sostuvieron con el funcionario estatal, también expresaron estar en contra del integrante de una organización social que pretende que sea destituido Ismael Trujillo, subdirector operativo de la Coordinación Estatal de Atención a los Pueblos Indígenas del Gobierno del Estado.

Afirmaron que hay intereses particulares en esta petición, porque el doctor Trujillo está trabajando muy bien a favor de todos los grupos indígenas, conoce bien la ley “y nos ayuda a bajar los apoyos necesarios para nuestros proyectos productivos con los cuales sostenemos a nuestras familias”, aseguraron los comerciantes.

El Secretario General, Marco Antonio Aranda les reiteró que escuchará a todos los grupos sociales, y que buscará siempre que mediante el diálogo y el buen entendimiento se den las mejores soluciones a cada uno de los conflictos o inquietudes que surjan de la población.

Insistió que el interés principal que le toca cuidar al gobierno, es el del Estado y con esa lógica la Secretaría a su cargo estará siempre dispuesta a proponer que las diferencias entre grupos se resuelvan mediante la conciliación y el entendimiento.

Al concluir esta entrevista, los indígenas triquis reconocieron la disposición del Secretario General de Gobierno para atender los problemas sociales y destacaron su disposición al diálogo.

Fuente

http://portada.elobservadordiario.com/portada/index.php?option=com_content&task=view&id=10142&Itemid=44

 

 

Víctima de los disparos se encontraba en EE.UU. de forma ilegal

Viernes, marzo 26th, 2010
Las autoridades a identificar al hombre asesinado el sábado como un ciudadano mexicano.
 
Por CAROL DEMARE, Escritor de personal 

Publicado por primera vez en la impresión: Martes, 23 de marzo 2010. 

COLONIE – Una foto de los peatones y mató el fin de semana por un suplente que lo enfrentaron cerca del aeropuerto fue identificado como un ciudadano mexicano que fue en este país ilegalmente, el sheriff James Campbell, dijo el lunes.

Marcos De Jesús Alvarez, de 36 años, vivía en un apartamento en la Avenida Central en Albany con otros inmigrantes ilegales, incluyendo a su hermano en la ley, y enviar dinero a su esposa, Agustina Cruz García, y sus cinco hijos de su trabajo en una sociedad de gestión de la propiedad en Schenectady, dijeron las autoridades.

García se le dijo por teléfono el domingo que su marido había sido asesinado.

Alvarez no llevaba ningún tipo de identificación a las 12:35 am del sábado cuando caminaba por una parte oscura de Watervliet Shaker Road, en dirección hacia el perímetro del aeropuerto. Agentes del Sheriff, incluido un funcionario español de la corrección de hablar, se lleva en cuanto a su identidad de tres presos mexicanos en la cárcel del condado después de apuñalar a un complejo de apartamentos, Latham la noche anterior.

Información proporcionada por los internos llevaron a 59 Ave. Central., Donde varios apartamentos están situados por encima de una tienda. Allí, un hermano en ley determinó una foto de la morgue de Alvarez. El apartamento tenía documentos ficticios con el nombre de Alvarez, sofisticados documentos falsos que parecía ser un documento legal, tales como documentos de trabajo, Alguacil Craig dijo Apple. Las autoridades se enteraron Alvarez había estado en este país alrededor de un año.

MoneyGrams en el apartamento, indicó que él envió a algunos de su casa, pagar a Chapala, México. Un número de Seguro Social utilizados por Alvarez volvió a un residente de Georgia, dijo Apple. El problema de la inmigración ilegal “es cada vez más y más grandes en esta área”, dijo.

Adjunto Vincent P. Igoe, de 35 años, un veterano de 11 años de la fuerza asignada al detalle Aeropuerto Internacional de Albany, fue una patrulla rutinaria en un coche marca cuando vio a los peatones en dirección a una valla perimetral al aeropuerto cerca de un parque y paseo de mucho. En español, Igoe identificó a sí mismo, gritando “policía”, dijo Campbell. Igoe que gritó “stop” en español.

La carretera no tiene luces, y que “se garantiza un diputado para desafiar a alguien caminando por ese camino, a las 12:30 de la noche la partida hacia el aeropuerto”, dijo Campbell en una conferencia de prensa esta tarde. “Él estaba haciendo su trabajo”.

Alvarez ignoró las advertencias Igoe, dijo el alguacil, y como Igoe salió de su coche, vio cómo el hombre levantó la camisa y sacar un pedazo de concreto sobre el tamaño de una pelota de béisbol y tirar de él. El diputado se agachó y luego se trasladó hacia atrás, momento en el que estaba de pie 12 a 15 pies de distancia de Alvarez.

“Este individuo comenzó a venir a él, una mano en el bolsillo, la otra mano detrás de la espalda”, dijo el comisario. Como Alvarez mencionó la mano que estaba detrás de él, Igoe disparó dos rondas de su Glock calibre .40 semiautomática que posee el 15 rondas y golpear al sospechoso en el torso. Él estaba vivo después de los disparos, pero dejó de respirar, como técnicos médicos de emergencia trabajaron en él, dijo Campbell.

El alguacil dijo que le Igoe a tomar un par de semanas de licencia administrativa. El diputado está en contacto con el hermano Gregory, un miembro de los Hermanos Cristianos, que trabaja con la policía estatal en los casos en que un oficial utilizó la fuerza letal.

 

http://www.timesunion.com/AspStories/story.asp?storyID=914119

 

 

Los triques

Lunes, febrero 22nd, 2010

¡EXTERMINARLOS! ¡HAY QUE EXTERMINARLOS! - gritó exasperado el jefe de la zona militar – cuando le informaron que los triques habían asesinado en una emboscada al teniente Palos y a dos soldados.

La gente de Juxtlahuaca vio por primera vez cruzar su cielo dos aviones militares: los mandaba el Gobierno Federal para auxiliar a las fuerzas de la expedición punitiva que avanzaba sobre Copala desde Juxtlahuaca y Putla

Fueron ametralladas cuantas chozas de triques se descubrieron en los claros de la selva. No se conoce el número de bajas. Lo que sí se sabe es que los federales encontraron algunos barrios desiertos y prendieron fuego a las chozas, como represalia por la muerte del teniente.

Hubo, entre la gente de razón, quien se regocijara; otros concibieron una honda preocupación porque se sentían cómplices de la injusticia que se estaba cometiendo; algunos, en fin, se indignaron por el grave error en que incurría el gobierno, mal informado por las autoridades de Putla y de Oaxaca.

¿Mal informado? El peligro de una insurrección de los triques de Copala existía, como sigue existiendo; pero ¿a qué se debe la actitud belicosa de ese grupo autóctono? Si no estuvieran armados, como lo están, renunciarían a su postura orgullosa y desafiante; sus rifles son idénticos a los que usa el ejército mexicano; sus municiones, las mismas; disponen de subametralladoras Mendoza y de binoculares iguales a los del ejército. Tienen un valor a toda prueba, y dominarlos en su sierra natal, en que conocen cada risco, cada árbol, sería una empresa ardua, sin duda. Su espíritu tribal es todavía el de ciertas poblaciones del México antiguo, como los Yaquis y los Tzotziles; viven al igual que hace siglos, con la idea de que deben defenderse a todo trance contra la presión que ejercen sobre ellos sus vecinos.

En el siglo XIII se ocultaron en sus bosques a raíz de una derrota que les infligió cierto rey enemigo que acampaba en las montañas de Tlaxiaco; a principios del siglo XV sufrieron la dominación del quinto monarca azteca, el Flechador del Cielo, que construyó en sus tierras una fortaleza; sus vestigios existen aún en el cerro de Moctezuma. Limitó su libertad otro Rey Mexica, Ahuízotl, y conocieron días aciagos durante las guerras entre los reyes mixtecos de Achiutla y de Tututepec.

La Conquista Española no mejoró sus condiciones; siguieron viviendo dispersos en sus serranías, y su contacto con la cultura occidental fue precario. Aceptaron un cristianismo superficial y no gozaron, como sus hermanos de Chicahuaxtla, de la presencia y enseñanza de aquel gran misionero dominico que fue Fray Gonzalo Lucero. Cuando un virrey instituyó la feria de Copala, para que restablecieran relaciones más estrechas con los demás pueblos de la comarca, los triques vieron las romerías con recelo, y siguieron viviendo dispersos en el monte; por ello Copala, contrariamente a Chicahuaxtla, nunca se ha vuelto un pueblo.

Este acontecimiento son de 1956 a mediados del siglo pasado, los triques se lanzaron a una terrible y estéril aventura bélica para reconquistar su independencia, es decir, para volver a ser los amos en sus tierras y libertarse para siempre de la presión de los blancos y de los mestizos, que hacían su juego.

La sublevación estalló en 1843, cuando gobernaba Oaxaca el general José María Malo; ni éste ni su sucesor, el también general José Ibáñez de Corbera, lograron dominar a los insurrectos. La revuelta se volvió una guerra de guerrillas que duró cinco años; con razón se la llama la Guerra de Castas de los Triques. No se desarrolló sólo en el territorio de Oaxaca, sino que alcanzó la zona fronteriza de Guerrero; y sus caudillos fueron dos hombres valientes Dionisio Arriaga y Domingo Santiago, a quienes, desde luego llamaban en Oaxaca “forajidos”. Como en otra guerra de castas, la de los mayas, que estalló cuatro años más tarde, hubo inequidades y actos de barbarie por ambos lados. Los jefes triques fueron aprehendidos y ajusticiados en 1848, año en que gobernaron a Oaxaca dos indios serranos: primero Don Marcos Pérez y luego Don Benito Juárez.

¿Quiénes son los triques, desde el punto de vista antropológico y lingüístico? Buena parte de ellos se distingue físicamente de los mixtecos y de los tacuates, por su nariz roma; también los caracteriza su exacerbado espíritu de independencia. Tal vez esto se deba a que se refugiaron en una región áspera, poco hospitalaria, muchos siglos antes de la conquista, empujados por otros pueblos más fuertes y numerosos y con tal de no aceptar su dominación.

En la actualidad son alrededor de siete mil, y tienen un alto índice de natalidad. La lengua trique se consideraba el quinto miembro (los otros son el mazateco, el popoloca, el ixcateco y el chocho) de la familia popoloca, algo como un pariente pobre y lejano de esa familia; pero en la actualidad se le clasifica acertadamente entre los idiomas mixtecanos, junto con el mixteco y el cuicateco. También es lengua tonal y por eso de más difícil aprendizaje para nosotros que el azteca y el maya. A los mixtecos les pareció oír con frecuencia en el habla de sus vecinos (que consideraban bárbaros, como los mexicas a los otomíes) la sílaba tri y les llamaron triqui o trique: análogamente los griegos distinguieron en el “balbuceo” de los demás pueblos que no hablaban heleno las sílabas bar-bar y los llamaron bárbaros.

El párroco de Juxtlahuaca, a quien conocí en Copala, posee un viejo catecismo en lengua trique. Recientemente han traducido al trique el evangelio de San Juan los investigadores del Instituto Lingüístico de Verano.

Desde luego, los triques poseen una herencia cultural análoga a los demás pueblos de Oaxaca; los huipiles que tejen y bordan las mujeres son de belleza sorprendente. Muchos aspectos de su vida no se han estudiado todavía: porque son huraños y desconfiados.

Seguramente conservan, en sus barrios más apartados, costumbres que aún desconocemos. Parece que allá donde no los pueden descubrir ojos mestizos, los hombres suelen caminar por los bosques cubiertos apenas por un maxtle o taparrabo, como los tarahumaras en sus selvas norteñas.

Hasta los primeros decenios de este siglo los triques de Copala eran pobres, casi como sus hermanos de Chicahuaxtla que viven en una tierra paupérrima y neblinosa y que con frecuencia se alimentan de raíces. En las serranías de Copala los triques fabricaban carbón de leña y lo vendían en Juxtlahuaca, en Tlaxiaco y en Putla, junto con los plátanos que cultivaban en el fondo de sus valles y las aves de corral que lograban criar.

Hace unos treinta años empezaron a cultivar café en las laderas de sus montes y sus cafetos prosperaron. Ya tenían los triques una producción que les permitía un intercambio más favorable con los mestizos; ya tenían una riqueza. Y esa riqueza fue su perdición. El excelente café de altura, producido en la región de Copala, se trunca, en ínfima parte, en maíz; lo demás va a parar, tarde o temprano, a la bolsa de los mestizos, que han creado la organización más perfecta para que los triques no puedan nunca salir de su terrible círculo vicioso. Les venden armas y parque, fomentan sus rivalidades, les venden alcohol que los enardece e incita a peleas, y cuando hay un techo de sangre, los extorsionan. De esta suerte, la ganancia del café que los triques cultivan nunca será para ellos. Siempre quedará en poder de sus implacables explotadores.

- Este puente también lo quemaron los triques- me dice con reprimida indignación Don Avertano Cruz.

Veo los restos carbonizados de los troncos que, hace todavía pocos meses, unían las orillas de la carretera. El barranco es hondo: ni con largas desviaciones podría un vehículo alcanzar al otro lado. A los puentes quemados por los triques, se añaden cuatro destruidos por las aguas. Lástima. Un camino bien trazado, flamante. El año anterior llegaron los camiones, el día de la feria, hasta mero Copala. La civilización alcanzaba, por fin, el corazón del mundo trique.

Pero ellos, se queja Don Avertano:

“No quieren saber nada del progreso. Son unos bárbaros, sucios, borrachos, rencorosos. Quieren mantenerse, cueste lo que cueste, en su aislamiento secular, seguir viviendo como animales. Matar, eso sí les agrada. Están armados hasta los dientes y representan un peligro constante para sus vecinos.”

El pueblo de Copala… Copala, capital de los triques… Cuando, al cabo de una marcha de un par de horas desde Agua Fría, última avanzada mixteca en el mundo trique, llegué al puente quemado y atisbé, en el fondo del valle, la iglesia y cuatro o cinco edificios con techo de teja, me di cuenta de que se trataba de un centro ceremonial y administrativo a la manera del México antiguo. El templo sustituía seguramente el antiguo teocalli, y las muchas cabañas construidas en dos filas paralelas al río, no eran más que enramadas que desaparecían mañana al terminar la feria.

Entonces, ¿dónde moran los habitantes de Copala? En treinta y cuatro “barrios”, o minúsculas aldeas de casas diseminadas en la serranía; el más alejado está allá al suroeste, en la última cadena de montes. Se llega al cabo de catorce horas de viaje a caballo. Allí se usa todavía el término barrio, que era común en la colonia, para lo que en otras regiones se llama paraje o cuadrilla.

A la sombra de un gigantesco ahuehuete – debe tener más de quinientos años, como los plantados por Nezahualcóyotl en el bosque de Chapultepec – están acampados grupos de triques.

Las mujeres, vestidas con sus fabulosos huipiles rayados de blanco y rojo, muelen maíz y cuecen tortillas en los comales que han llevado desde sus lejanos hogares. Los hombres visten pantalón blanco y camisas de artícela brillante, color solferino o verde rana. Les dirijo el saludo vernáculo, “paa”, una síncopa cariñosa de “compadre”; y me contestan sorprendidos pero amables, con la misma palabra, casi cantada: “paa”. Estoy en uno de los centros más aislados del México indígena.

Copala es un “lugar de copal” en azteca, nombre que conviene a este antiguo centro religioso.

En el templo se está quemando mucho copal a la imagen, muy milagrosa a juzgar por los mil exvotos que cuelgan de su túnica, de un Santo Cristo. Se trata de una talla española del siglo XVII, o de su copia, ya que los triques habrían enterrado el original en un lugar secreto. Representa una caída de Jesús durante el viacrucis. Hasta hace pocos años, los triques sometían la imagen a un rito de purificación: un día como hoy, el Tercer Viernes de Cuaresma, lavaban con sumo cuidado a su Tatachú en el Río de Copala. Tatachú equivale a Tata Jesús (Chu es una abreviación cariñosa del nombre santo en trique, como Chucho o chuy lo son en el español de México). Los triques se acercan a su Tatachú con flores moradas y amarillas y las frotan suavemente contra la imagen. Así las flores se impregnarán de su poder sobrenatural; y así llevarán a sus hogares los pétalos marchitos, como si fueran piadosas reliquias cuya posesión otorga la protección divina. Un viejo trique, tal vez un brujo, realiza, debajo del Tatachú, unas limpias en un estilo que desconocía: masca la semilla de la virgen (el ololiuqui de la vieja tradición prehispánica) y la escupe, rociándola, en el pelo de una mujer y en el de un muchacho. Ha entrado en el templo la banda, y toca, en una sorprendente traducción trique, la sandunga, en tanto que se hacen los preparativos de la procesión. El cura bautiza a los niños triques que sus padres han traído de los lejanos barrios perdidos en la serranía; otro sacerdote, un misionero bilingüe, prepara los certificados de bautismo y los de matrimonio para el día siguiente, consagrado a unir religiosamente a las parejas de jóvenes triques, casi unos muchachos. Las solteras se distinguen por las alegres cintas de colores que cuelgan de sus espaldas. En el templo han encendido velas delante de la imagen de la virgen, vestida de trica como ellas; están sentadas en el suelo, la miran embelesadas y le hablan en voz baja como si rezaran.

En la feria de Copala se vende ganado (vi contratar un macho en novecientos cincuenta pesos), telas, fruta, pescado seco, guitarras y la quincallería de siempre.

Entre las enramadas se pasean, rifle al hombro, varias parejas de federales. Se me acerca una negrita de aspecto muy africano y me pide que la apadrine en el templo. Ha venido de la costa (seis días de viaje) a vender camarón seco. Se llama Fricha. Es simpática y risueña. “¿Padrino de qué?, le pregunto. Extrañada me contesta: “De bendición”. Ella es mujer de media razón y si yo, hombre de razón y por consiguiente en muchas mejores relaciones con las potencias sobrenaturales, la apadrino, ella tendrá una protección divina más eficaz en su viaje de regreso. Vuelvo a la iglesia y me arrodillo con Fricha ante el Tatachú. El sacerdote nos bendice en tanto que la banda toca su bárbara versión de “Dios nunca muere”.

Durante la procesión, don Avertano Cruz me dice:

- Son unos hipócritas. Mírenlos. Siguen a su Tatachú con una devoción como si fueran cristianos como nosotros, y luego se matan entre sí y tratan de matarnos a nosotros a traición. ¡Qué salvajes! Sí, eso son: Salvajes -

Don Avertano es un vecino de Juxtlahuaca, comerciante acomodado, y debe a su prosperidad al comercio de café. Compra el precioso grano en Copala; el que los triques cultivan, en la sombra de sus bosques, es un excelente café de altura. Don Avertano tiene sus buenas razones para acusar a los triques de haber destruido los puentes del camino a Juxtlahuaca: porque ésta es su defensa.

En realidad, los triques tenían igual interés en que la carretera alcanzara a Copala: porque así llegarían los camiones con otros compradores que les pagaría el café a un precio más favorable, libertándolos del monopolio de los comerciantes de Juxtlahuaca o Putla, sus explotadores de siempre.

Entonces, ¿quién quemó los puentes? Lo supe en la propia Juxtlahuaca, donde no es un secreto para nadie. No fueron los triques sino ciertos comerciantes locales, que los consideraron necesario salvaguardar sus intereses. Claro que sólo retardan la emancipación económica de los triques: a fines del próximo año no sólo estarán reconstruidos los puentes, sino que la brecha de la Baja Mixteca llegará de Copala hasta Putla.

¿Y las armas de los triques, sus frecuentes actos de evidencia? A gente desconfiada y huraña como los triques, acosada por sus vecinos desde hace siglos, sólo la posesión de armas de fuego puede dar un sentimiento de seguridad.

Desde luego, también en este grupo étnico hay familias que no poseen tierra propia, y las que son propietarias de cafetales y milpas tienen que defenderse de sus propios paisanos hambrientos. Por todo ello, la gente de razón de Tlaxiaco y Putla han encontrado un rico filón comercial: la venta de armas y parque a los triques, a muy alto precio. Saben igualmente que es un buen negocio trocar rifles y municiones por café, ya que de esta suerte le saldrá al comprador en menos de dos pesos el kilo. Los rifles son los máuseres reglamentarios del ejército mexicano.

¿Cómo han pasado tantos de ellos a formar el arsenal de los triques? Misterio. Asimismo los cartuchos son los oficiales, y cada trique de Copala tiene en su casa gran abundancia de ellos. Los conservan en un tanate pinto que cuelga del techo; y mientras más lleno se encuentra el tanate, más contento y seguro se sentirá el dueño. Llegan a ciertos comerciantes de Tlaxiaco unos bultos que, con apariencia contienen clavos; pero lo cierto es que se trata de envío de cartuchos sustraídos, no se sabe en qué forma, de los almacenes del ejército. Y esa mercancía siempre se vende o se trueca ventajosamente en la sierra de Copala.

Así se explica cómo los triques son la única tribu aborigen de México que hoy podría oponerse eficazmente a las fuerzas federales. Los últimos mayas insumisos de Quintana Roo y el puñado de yaquis belicosos que quedan en Sonora no tienen armas tan modernas y ni lejanamente parque tan copioso. Otro excelente negocio es el alcohol.

En la época precortesiana, las leyes castigaban muy severamente la embriaguez; hoy, el único freno parece ser la carencia de dinero. Cualquier pretexto para beber es bueno: nacimientos, muertes, fiestas religiosas. Hombres. Mujeres y niños beben aguardiente de caña producido en los trapiches putlecos. Excitados por el licor, los triques se acuerdan de la vieja rencilla que tienen con el vecino por una cuestión de límites, o de alguna antigua ofensa que es preciso desagraviar, y se sienten muy hombres. Entonces empuñan las armas de fuego. Ya se sabe con qué facilidad resbala el dedo en el gatillo.

Cuando hay un muerto y las autoridades se enteran del caso, empieza el mejor de los negocios, mucho más productivo que la venta de armas, parque y alcohol: la extorsión. ¿Las autoridades? Se trata, más bien, de la sociedad que forman, el teniente de la Policía del Estado o del destacamento federal, con el Agente del Ministerio Público. No se necesita de la complicidad del Juez, porque entre Teniente y Agente se las arreglan a las mil maravillas. El trique culpable es aprehendido; lo amenazan con ahorcarlo si no paga una cantidad crecida: de tres mil pesos para arriba, hasta diez mil o más. El lazo ya está preparado a la vista de la victima. La salvación sólo radica en el dinero; y la familia lo busca desesperadamente. La vida o la muerte son cuestión de horas. Algo le prestan parientes y amigos, pero no basta. Así se ven obligados a hipotecar a los comerciantes de Putla o Tlaxiaco la próxima cosecha de café, pero a un precio ruinoso. El trique culpable ha comprado su libertad; en su lugar, cogerán a un inocente y le aplicarán la ley fuga o lo colgarán. Los muertos no hablan; se ha hecho justicia y el dinerillo ahorrado por el teniente y el agente aumenta en forma alentadora.

Está aceptado y admitido que el fruto del trabajo de los triques de Copala debe enriquecer a la gente de razón, con el comercio de las armas, o con el alcohol, o con la extorsión; sin embargo, el teniente Palos se avorazó en exceso, y esta fue su perdición. El pretexto que puso para sacar dinero a los triques fue una peligrosa ocurrencia: tenía que quitarles sus armas, por órdenes “del supremo gobierno”. En varias ocasiones, después de recogerles los rifles, se los había vendido otra vez a un precio muy alto. Y con motivo de unas riñas cruentas entre los triques pobres y ricos, había sacado buen partido de los ricos, con la amenaza de siempre: la soga, el nudo y el árbol.

El teniente Palos, jefe del destacamento de Putla, ya había logrado un pequeño patrimonio. Su codicia no tenía límites; era un digno sucesor de Pedro de Alvarado. Últimamente los copaltecos le habían dado veinte mil pesos, y él pidió más, amenazándolos con volver a recoger las armas: todas las armas. Ya sabemos lo que sucedió: en una emboscada lo acribillaron a tiros, y perecieron él y dos soldados, así como el trique que le sirvió de guía.

Las autoridades de Putla, que defienden los intereses de la gente de razón, no podían informar al gobierno del Estado con apego a la verdad. No podían decir cómo se le dio a los indígenas la primera docena de rifles a cambio de café, y cómo paulatinamente les fueron entregando cientos y cientos de máuseres, que hoy están colgados en los techos de las chozas, entre el zacate. Tampoco podían revelar cómo llegan a la sierra de Copala los millares de cartuchos que forman el abundante parque de los triques. No les convenía a las autoridades de Putla informar que los comerciantes locales venden aguardiente mezclado con agua y con mecates de ixtle dentro, para que haga cordón.

Y ¿Qué dirían en Oaxaca si admitiesen que las romanas y las básculas para pesar el café de los triques están “arregladas”, que se les engaña al pagar y que hasta hubo mestizos asesinados, de los que se disputaban el predominio en la explotación de sus vecinos “naturales”? No. En Oaxaca las autoridades civiles y militares sólo supieron que un oficial pereció victima de un gravísimo atentado, que había le peligro de una sublevación de los bárbaros triques y que se imponía tomar medidas drásticas. Así se organizó la expedición punitiva, durante la cual Copala fue ametrallada por los aviones que destacó la Fuerza Aérea.

Pero ¿sirvió de escarmiento a sus sucesores la trágica muerte del teniente Palos? Desgraciadamente, las extorsiones a los triques prosiguen como antes, o peor que antes. El teniente que los explotaba en 1957, hace poco adquirió en Nochixtlán una hacienda de trescientos mil pesos.

Tuve la ocasión de conversar con un abogado que fue Agente del Ministerio Público en Juxtlahuaca. Era un hombre de mediana edad, chaparro y muy amigo de don Avertano Cruz. Me dijo:

-¿Qué hay que compadecerse de los triques? No. Hay que compadecerse de nosotros.

-¿Por qué, licenciado?

-Por lo que nos pagan. Quinientos pesos mensuales. Nací en un pueblo de la sierra y usted no imagina después de cuántos sacrificios logré recibirme. Tengo esposa y cuatro hijos; dos estudian. ¿Qué hago con quinientos pesos? Lo admito: en Juxtlahuaca robé. Tenía que hacerlo. ¡Qué compasión por los triques ni que nada! Les dan ochocientos pesos por ocho arrobas de café, y esto diez y hasta veinte veces en la época de cosechas. Haga usted la cuenta. ¿Para qué quieren tanto dinero? Viven como animales; sólo compran una muda de ropa al año y comen tortilla con sal y chile. Y si gastan su dinero, es para adquirir armas homicidas y aguardiente con que se emborrachan como puercos. ¿No le parece justo que mejor tengamos nosotros ese dinero, que ellos no saben gastar o gastan mal? Yo he estudiado dieciséis años, soy abogado, he luchado toda mi vida, y tengo el derecho de vivir como un cristiano. Si no me las arreglo, mi familia y yo nos morimos de hambre. Es fácil criticar, es fácil decir ¡pobrecitos triques! Sí y a mí…que me coma el tigre.

“Putla asaltada por los indios bárbaros. Espantosa matanza nocturna. Tropas aerotransportadas castigan a los triques en la región de Copala”. Ojalá nunca leamos estos encabezados en lo diarios. Pero no ignoremos que se trata de un acontecimiento posible. “Las armas”, me dicen en Putla, “se las venden los de Juxtlahuaca”. “Las armas”, me dicen en Juxtlahuaca “se las venden los de Putla”. Ambos están conformes en que los cartuchos se los venden los de Tlaxiaco, y que en Tlaxiaco los triques son victimas de los peores atropellos. -¿Cómo cuáles? Van a vender su café, cobran sus buenos pesos y lo celebran con una o dos copas. Entonces los arrestan con el pretexto de siempre; embriaguez y escándalo, y les quitan su dinero. Buen negocio para las autoridades: de una redada de triques salen tres o cuatro mil pesos.

En el siglo pasado la guerra de castas de los mayas costó medio millón de victimas –cifra aterradora- y despobló ciudades y villas de la península yucateca. La entonces capital de Chiapas, San Cristóbal de las Casas, fue atacada e incendiada en 1869 por los chamulas, que pretendían acabar con todos los ladinos.

Ya aludí a la guerra de castas de los triques. Otra explotación de violencia de este grupo autóctono podría ocurrir en nuestros días, a consecuencia de un nuevo despojo de tierras. Los ejidatarios de Putla quieren adueñarse de ciertas lomas del barrio de San Miguel que pertenecen a los triques, y éstos no están dispuestos a tolerar tamaña injusticia que se suma a muchas anteriores.

¿De quién sería la culpa de una sublevación? Hay que decirlo sin ambages: de los que explotan, maltratan y humillan a sus compatriotas indígenas.

Cuando en 1941, Eusebio Dávalos Hurtado y Juan Comas convivieron un mes con los triques de Chicahuaxtla y en Copala, se dieron cuenta de que se trataba de gente dedicada a sus tareas agrícolas y sin menor belicosidad. Los dos antropólogos no tenían protección de fuerzas federales y no portaban armas. Mejor dicho, sus armas eran su buena fe y su espíritu fraternal. Propusieron, entonces, un plan detallado para resolver los problemas de la región trique; un plan que, visto a la distancia de dieciocho años, demuestre el sano criterio de sus autores. Es peligroso, decían, para el porvenir inmediato de los triques, mantener su statu quo. Se impone una intervención humana, eficaz, de las autoridades federales, mediante una pequeña misión intersecretarial (Agricultura, Salubridad, Educación y Asuntos Indígenas) que residiría por lo menos dos años en la zona. Sabemos lo que ha pasado por desidia de las autoridades.

Ahora el problema de los triques es incomparablemente más grave, debido al resentimiento acumulado en los últimos años en contra de los mestizos y por las armas que han logrado reunir.

Si existe ahora una misión en Copala, pero de misioneros católicos. Hacen una buena labor social y educan a treinta y cinco niños triques, huérfanos a consecuencia de cruentas peleas entre sus padres.

He visto una carta escrita por uno de estos niños, de once años, que hace varios meses no hablaba una palabra de español, y desde luego, no conocía los rudimentos del abecé. Debo decir que la lectura de esta carta me emocionó. El niño es inteligente, de sentimientos nobles; un mexicano que mañana podrá convertirse en un modesto agricultor, en un artesano, o -¿por qué no?- en un profesional. Ninguna inferioridad respecto a un niño mixteco o zapoteco o mestizo o criollo.

En Copala tuve una larga conversación con Rafael García, un joven trique del barrio de Tilapa, perfecto bilingüe. Su abuelo fue un cacique muy estimado por los copaltecos; estaba convencido de la necesidad, para su gente, de dominar la castilla. Por Don Rafael supe que los triques se distinguen en tinojé –los de Copala- y tiné –los de Chicahuaxtla-, debido a la pronunciación peculiar de una expresión de saludo. Tinojé, los ricos; tiné, los pobres.

En la feria usé este modesto recurso lingüístico, que me permitió establecer relaciones de simpatía, manifestadas en una gran sonrisa, con varios triques.

También supe que Rafael García, cuyo rostro expresivo destaca sobre la camisa de artícela de brillante color esmeralda que los triques conservan un nombre especial para la Ciudad de México: “Macahá”. A pesar de todo el empeño que puso para satisfacer mi curiosidad, don Rafael no pudo explicarme el valor significativo de “ma” y de “cahá”, tomados como elementos independientes. Cuando le adavé que Tilapa, en mexicano, es un río negro, me dijo triunfante que el arroyo de su barrio tiene, en efecto, un fondo de grava obscura.

A un lado del templo estaba sentada una pareja de novios triques tinojé, comiendo. Ambos eran muy jóvenes: ella tenía unos catorce años, él unos dieciséis. La elegancia de la novia, cuyo huipil le cubría la trenza y le llegaba hasta los tobillos, contrastaba con la modestia de la camisa de artícela color limón, del novio. Pero sus calzones eran de blancura impecable. Comían en silencio, como si cumplieran con un rito. Preparaban sus tacos con una distinción de príncipes, los llevaba a la boca sin avidez, separaban cada pequeño bocado con sus dientes muy blancos y mascaban lentamente, teniendo los labios cerrados, con movimientos armoniosos de los carrillos. Era un placer estético verlos comer.

Tal vez me fijé tanto en ellos porque minutos antes había visto a un grupo de comerciantes “de razón” en una fonducha, y su animalidad –expresada en sus manos y en sus mandíbulas- era francamente ofensiva.

Desde hace milenios el hombre usa palmo como medida de longitud: una medida a la medida del hombre. Y palmo a palmo llegó a un nuevo concepto: el de medir todo no con una medida de su cuerpo, sino de su planeta.

El metro nació cuando gobernaban aún a México los virreyes, pero España y sus antiguas colonias no lo adoptaron sino más tarde. Los triques, en sus relaciones comerciales, y entre ellas, desde luego, el palmo: al que, castizamente, llaman cuarta.

En la feria de Copala vi a unas tricas comprar manta, muchas cuartas de manta. Como ellas tienen las manos muy pequeñas, exigían que el vendedor mestizo midiese la tela extendiendo el pulgar y el meñique lo más que se pudiera.

Entre los triques hay otro uso del palmo, sorprendente y tal vez el único en el mundo actual. No es común en ellos, es, más bien, privilegio de unos cuantos: de los hechiceros.

En esto se perpetúa un antiquísimo rito, que quizá un día fue común a varias estirpes amerindias.

¿Qué miden los hechiceros triques con la palma de la mano? A sí mismos. Aislados, dentados en la sombra, se concentran y empiezan a medirse el antebrazo, luego el brazo. Lo que falta y lo que sobra para integrar el palmo lo miden con los dedos, juntando índice, medio y anular. Miden y calculan, calculan y miden. Sigue la medida del rostro, desde la frente hasta el mentón; luego levantan la cabeza, y continúa el palmo de la barbilla hasta el puño del esternón, de aquí a xifoides al ombligo, y así por el estilo, siempre midiendo y calculando.

¿Cuál es e objeto de tan extraño rito? Obtener la clarividencia. El hechicero “sabe” lo que pasa a los suyos, lo que sucede en los barrios distantes, cuáles peligros inmediatos acechan a la tribu, y a veces penetra en la dimensión del tiempo, profetizando acontecimientos que se verifican después con pasmosa precisión.

Hace algunos meses, un hechicero, al cabo de pocos minutos de autopalmeo, describió la salida a Putla de un grupo de policías del Estado, rumbo a Copala. Llegaron en efecto, siete horas más tarde, cuando las personas que buscaban habían tenido tiempo de sobra para ocultarse en la serranía.

Se trata evidentemente de un proceso parasicológico muy singular, que permite al hechicero caer en un estado de receptividad extrasensorial. En esa condición de semitrance, establece una sintonía mental con otros cerebros, de personas próximas o lejanas, y revela hechos del presente, y a veces del futuro, que nunca podría conocer en condiciones normales. El autopalmeo desempeña la función de la “lectura” en la esfera de cristal, en la arena o en los asientos de café, o del contado de la mano, o de los naipes echados por las cartomancianas: todos ellos medios para que el “sensitivo” puede captar ciertos mensajes que emanan subconscientemente de otros cerebros, y hasta enterarse de cosas que aún no han sucedido.

En Mitla, los simpáticos cicerones zapotecos invitan al turista a abrazar, lo más estrechamente que le sea posible, cierta columna del palacio de las grecas, y miden con los dedos la distancia faltante: distancia con que calculan los años de vida que le quedan. No sé si se trata aquí de un invento nuevo, dramático por cierto, o de una reminiscencia antigua, de algún rito parecido al palmeo y a las cuentas de los hechiceros triques.

Ya describí el rito de la semilla de la Virgen debajo del Tatachú, otro recuerdo del pasado precolombino. El Tatachú es profundamente venerado por los triques, pero cuando no “cumple” es decir, no oye las súplicas de sus fieles, éstos recurren a San Marcos Trique, como lo llaman. Es una estalagmita que recuerda vagamente una forma humana, en cierta gruta que se halla detrás del templo de San Juan Copala. Le encienden velas, le llevan flores y le queman copal como a los demás santos. En su visita a la Región Trique, también conocieron el San Marcos cavernícola, los doctores Dávalos Hurtado y Juan Comas.

De una cueva análoga, en la Región de Chicahuaxtla, hay noticias desde mediados del siglo XVI. En ella los triques, según la expresión del padre Gay, “idolatraban”. La buscó sin éxito Fray Benito Fernández, acérrimo cazador de ídolos. Era el mismo Fray Benito que encontró, en el más alto risco de Achiutla, el dios supremo de los mixtecos. Lloró el fraile, sobrecogido por la extraordinaria hermosura del ídolo; con todo, más fuerte fue su celo religioso, y lo redujo a polvo. Mientras buscaba la famosa cueva de Chicahuaxtla, Fray Benito sorprendió, cerca de un torrente, aun grupo de sacerdotes que ofrecían sacrificios a las que el padre Gay llama las “divinidades americanas”, y que eran, sin duda, dioses triques. Según su costumbre, los despedazó a todos. En cuanto a la cueva de Chicahuaxtla, hasta nuestros días no ha sido encontrada, y seguramente sigue guardando intactos sus dioses antiguos.

A pocas horas de Copala, cerca de los pueblos gemelos de Juxtlahuaca y Tecomaxtlahuaca, existen unas grutas que por su belleza y amplitud se comparan con las de Cacahuamilpa. También en ellas había estalagmitas divinizadas; a principios del siglo XVII fueron descubiertas por los frailes y destruidas en un solemne acto de fe. Sin embargo, la gente de Tecomaxtlahuaca siguió aferrándose desesperadamente a sus antiguas creencias, tanto, que los misioneros no los consideraban sólo idólatras recalcitrantes, sino que veían en cada uno de ellos, fuese hombre, mujer o niño, un muy peligroso hechicero. En 1628 tomaron medidas drásticas para extinguir aquel foco de paganismo, con el resultado de que un buen número de los presuntos brujos se refugiaron en las montañas y nunca volvieron.

En un pueblo afromixteco conocí a un moreno de diecisiete años que tenía un grave conflicto sentimental. No me confió quien era la morenita causa de sus desvelos; en cambio, quiso aprovechar mi paso para resolver ciertos problemas teológicos que le inquietaban.

¿Había yo estado en Roma? ¿Es verdad que allí mora el Padre Santo? ¿Es verdad que una paloma vuela siempre sobre su cabeza? ¿Por qué el Padre Santo usa un sombrero en forma triangular, con un ojo en medio?

Era evidente que mi joven amigo confundía al Padre Eterno con el Padre Santo – confusión más frecuente de lo que se piensa – y le aclaré que según los católicos, el segundo representa al primero aquí en la tierra. También le dije que el Padre Santo de Roma se rasura todos los días y le describí, lo mejor que pude, la tiara papal.

- Entonces, ¿si le escribo, me contestará?

- Tal vez lo haga, por medio de unos de sus secretarios.

Cuando al emprender mi viaje de regreso salía del pueblo a caballo, me alcanzó corriendo el joven y me confió una carta cerrada, dirigida al Padre Santo, en Roma, suplicándome que la hiciera llegar a su destino. Se lo prometí. Ya en Oaxaca, escribí en el sobre algunas líneas en italiano, dirigidas al sacerdote que recibiría el mensaje, y lo franqueé con timbres aéreos. Tengo la certeza de que mi joven amigo de la Costa Chica ha recibido una contestación del vaticano; ojalá le haya a resolver su conflicto, y esté ahora felizmente casado con su misteriosa morena.

En Putla existen dos o tres mestizos, personas de buen corazón que gozan de la confianza de los triques, y desempeñan un papel casi angélico, semejante al que me tocó a mí representar en la Costa. Son evangelistas de absoluta de los tiné y de los tinojé, y escriben las cartas a Tata Dios. ¿En idioma trique? Desde luego que no: en español. Es obvio que Tata Dios entiende mejor el lenguaje de la gente de razón, y los mensajes escritos y en cierto sentido, apadrinados por los mestizos, tendrán mejor aceptación allá arriba. Las cartas a Tata Dios son peticiones directas de socorro, material y moral; quejas y plegarias no rezadas, sino escritas. Tan confidenciales son estas cartas que, a pesar de todo, no se podrían encomendar para su entrega más que a algún miembro de la tribu trique. Un Trique muerto, se entiende. Por eso, las cartas a Tata Dios se colocan en los ataúdes, junto con el viático y las monedas de plata. Así el difunto podrá viajar en el más allá, hasta alcanzar la antigua morada de paz y al nuevo Dios, el muy poderoso Dios de los cristianos, al que remitirá los encargos de sus deudos.

Decíamos que la cuarta no es una medida de precisión matemática; varía en efecto, de los 192 milímetros del palmo de Teruel hasta los 261 del palmo Maltés, pasando por los 209 de la cuarta mexicana. De la elasticidad de la mano abierta extendida abusan los mestizos que comercian con los triques; también las medidas coloniales de peso (arrobas y libras) son elásticas y buenos pretextos para engañar a los naturales.

El duro de la Colonia, con sus divisiones, sobrevive todavía en Juxtlahuaca y Putla, pero sólo en las relaciones comerciales con los mestizos y los triques. Duro, peseta, real. Medio y cuartilla: retrocederemos con ellos en el tiempo. También tales medidas carecen de severidad matemática; pero, en este caso, por voluntad de los triques. La cuartilla vale tres centavos, el medio, seis; dos medios son un real, o sea: doce centavos. Entonces, ¿dos reales equivalen a veinticuatro centavos? No, a veinticinco, una peseta; en efecto, ocho reales forman un duro. ¿Y tres reales? Claro, equivalen a treinta y siete centavos.

En la tienda de Putla, “El Refugio de los Pobres”, vi a un trique comprar un carrete de hilo por tres reales, un medio y una cuartilla. Él sabía inmediatamente de qué cantidad se trataba, mientras yo me rompí la cabeza antes de descubrir su valor. Era menos de un tostón; cuarenta y seis centavos.

Visito a dos prisioneros triques en la cárcel de Juxtlahuaca; me acompaña Ricardo Martell, joven estudioso de ciencias sociales. El Lic. Martell es uno de los pocos putlecos que estiman a los triques, y sufre por el mal trato que les dan a sus paisanos. No quiere ya ver a los triques humillados y explotados; desea colmar el abismo que los separa de los mestizos: es decir, de México.

Nos acercamos a la reja de madera maciza, y el alcalde llama a los reos. Son copaltecos, de mediana edad y se expresan muy laboriosamente en español. Se dicen inocentes, suplican que se les de libertad. ¿Qué harán sus familias, sin ellos, allá en el barrio? Su desamparo me parece mayor que el de los demás miserables de aquella prisión. Porque la sociedad que los tiene presos y los quiere juzgar, no es la suya.

Martell los escucha, toma notas, les da esperanzas y se despide de ellos con apretón de manos a través de una pequeña abertura de la reja. Yo también lo hago, y les digo “paa”. Adiós, mis compadres triques; buena suerte.

Afortunadamente, también el Presidente Municipal de Juxtlahuaca, Daniel Guzmán Feria, es uno de los mexicanos nuevos que no establece diferencias entre los que han nacido bajo este cielo. Cuando defiende a los triques parece que aboga a favor de su propia causa.

Daniel Guzmán es aún más joven que Ricardo Martell: tiene veinticinco años. Sus paisanos saben por qué le han confiado el cargo más alto del pueblo. Don Daniel ha modernizado el tequio y ha logrado construir, con la ayuda económica y manual de todos, una zanja de cuatro kilómetros, gracias a la cual se irrigan doscientas hectáreas de ricas tierras en el valle de Juxtlahuaca. Costó ochenta y cuatro mil pesos; la única ayuda extraña fueron los cinco mil pesos que dio el gobernador de Oaxaca. Durante la excavación se encontró una antiquísima tumba mixteca con un esqueleto en postura acurrucada. Por eso la zanja ha sido llamada del Muerto Sentado.

En la actualidad se está construyendo, con otro tequio organizado por Guzmán Feria, una nueva zanja. El gobernador actual brindará su ayuda, y la agricultura de Juxtlahuaca – esplendorosa puerta de la Baja Mixteca – recibirá un nuevo impulso. El paso obligado, hacia Pinotepa Nacional y el mar, es la zona trique. ¿Triques enemigos, ignorantes y el acecho con sus armas? No. Triques “aculturados”, dice Ricardo Martell; y Daniel Guzmán Feria añade: triques hermanos.

En la feria de Copala me topé con el falso Enrique Miranda. Su camisa era azafranada, flamante por lúcida y por lo nueva. En el sombrero blanco llevaba prendida una pluma de pavo real. Me lo presentó, en la fonda de Doña Lola, el nieto del cacique de Tilapa; pero el falso Enrique Miranda, hombre risueño y amable, no pudo conversar conmigo.

- Sólo habla idioma – me explicó Don Rafael.

- Idioma-, ¿quiere decir?

- No, idioma. No sabe nada de castilla-

Supe después que muchos triques adoptan nombres y apellidos de vecinos de Putla, porque les suena bien o porque los consideran medios mágicos para adquirir algo de las facultades de los poderosos mestizos.

Cuando encontré al verdadero Enrique Miranda, me di cuenta de la razón por la cual el falso había escogido su nombre. El primero es un hombrazo enorme, macizo, bigotudo, en tanto que el segundo es flacucho y lampiño.

- Conocí a su ahijado- le dije a Don Enrique, creyendo halagarlo.

- Qué ahijado ni qué nada. No me ha pedido siquiera permiso, ese tatani desgraciado. Es un robo, créame, un robo más de esos ladrones -

Sileno por su vientre poderoso, centauro porque con el caballo forma – ¿cómo decir? – una sola persona. Enrique Miranda es un personaje mitológico. Cierta vez cabalgó de Putla a Pinotepa Nacional sin parar: tres jornadas en una. Cruzó las montañas de los tacuates y los valles de los amuzgos y mantuvo el mismo ritmo gallardo tanto en la noche como durante el día. Al cabo de veinticuatro horas llegó al zócalo de Pinotepa. ¿Cansado? Don Enrique no conoce esta palabra. Es un hombre fuerte, bondadoso, con un gran sentido del humor. Razona bien en todo, con lógica severa; pero que no le hablen de los triques.

Hospitalarios, cordiales, los Miranda viven en su vieja casona putleca. Leen un diario capitalino y están al corriente de mil y una cosas que pasan en el mundo.

- Usted no es de aquí, y no puede darse cuenta dice Doña Florentina – lo del nombre robado a mi esposo no tiene importancia. También se lo han robado a Don Francisco Álvarez, a Don Camerino Fernández y hasta a Don Melchor Alonso -.

- ¿Por qué “hasta”?

- Sabe usted, Don Melchor…

- Don Melchor, éste… éste… es un comerciante muy rico, sabe usted… español.

- Español, pero una bellísima persona – aclara Don Enrique -, figúrese que ahí por la sierra se pasea otro Melchor Alonso, falso como mi tocayo. Esos triques abusan de nuestra bondad. Si se conformaran con robar y emborracharse y matarse entre sí… pero no. Se meten también con nosotros y no respetan ni a las autoridades. Hace poco mataron en una emboscada a un teniente de la policía con dos de sus hombres. 

- Era un joven muy valiente – suspira la señora -, se apellidaba Palos. Iba a desarmar a aquellos bandidos.

- Pero, no les sacaba, y con razón. ¿Qué hacen esos bárbaros con el dinero? Pura borrachera. 

- O lo que es peor, compran armas homicidas – explica el señor Miranda -, armas con las cuales nos amenazan.

- No hay manera de incorporarlos a la civilización. No se dejan. No quieren escuelas. Viven como bestias.

- ¡Basta verlos! – añade Don Enrique -. Tienen la nariz chata como changos. ¿Le parece decente que unos de esos changos vaya por ahí llevando mi nombre?

- Son malos, malos, malos – insiste doña Tina.

Lo de la nariz chata es una verdad a medias. El doctor Juan Comas, que hizo en 1941 un estudio antropométrico de los triques, encontró que el 49% de ellos es mesorrino, como los chinos y los japoneses, y sólo el 36% platirrino. A la luz de la ciencia moderna ya no se puede considerar la platirrinia como un carácter absolutamente primitivo. Con el mismo criterio se podría decir que la abundancia de vello también es un carácter simiesco: los triques y los demás indios serian entonces hombres más evolucionados que los europeos, velludos y barbudos.

La determinación de los grupos sanguíneos de los triques fracasó en 1941, a pesar de la buena voluntad del doctor Dávalos Hurtado. Al cabo de trece casos estudiados, cundió la alarma en Chicahuaxtla. Los brujos blancos, que hasta pagaban para extraerles una gota de sangre, tenían seguramente designios maléficos. Sometían al líquido purpurino a misteriosas manipulaciones, extendiéndolo en minúsculos cristales, que colocaban debajo de un tubo dorado, para mirarlos larga y silenciosamente, es decir, para impregnar la sangre de mal de ojo. En esta forma entregarían los triques inermes a sus enemigos de Tlaxiaco y Putla. No hubo manera de convencerlos de que las intenciones de sus visitantes sólo eran de mejorar su salud; y se tuvo que suspender la investigación.

En el curso de los años, los de Chicahuaxtla observaron a los trece hechizados, y se dieron cuenta que ni perdían el alma ni se enfermaban; tampoco sufrieron vejaciones que las costumbres por parte de sus enemigos mestizos. De esta suerte, cuando hace seis años les visitó el doctor Rafael Mijangos, durante su exploración medicosanitaria a las Mixtecas, pudo realizar las tomas de sangre sin encontrar resistencia. Es verdad que otra vez circuló la versión de que el hechicero blanco sometía la sangre de los triques a unos ritos mágicos, con el fin de echarles terribles enfermedades; pero no se rebelaron y aceptaron sumisamente las inquietantes brujerías.

El doctor Mijangos comprobó que, a pesar del clima de frio de Chicahuaxtla – está a dos mil metros sobre el nivel del mar -, los tiné tienen paludismo. Cuando el hambre los agobia, los pobres bajan a la región de Putla, en busca de trabajo y de alimento, y allí les pican los malvados anofeles.

Un joven triqui llamado Martín Felipe (todavía desprovisto de apellido, como lo era Juan Diego hace cuatro siglos) se enamoró de cierta mesticita de Putla, pero no se atrevió a declararle su amor. Un día que fue a venderle café a Doña Manuela, propietaria de una tienda, le pidió consejo sobre lo que tenía que hacer.

Doña Manuela, divertida, le dijo:

- Tienes que cortarte el pelo, José; luego ponerte los pantalones como lo usa la gente de razón, cambiar tu camisa de seda por una buena guayabera, aprender mejor el castellano…

- ¿Y luego patrona?-

- Luego te presentas a la señorita, le haces un bonito regalo, y le preguntas si quiere ser tu novia.

No se volvió a ver a Martín Felipe de Putla durante seis o siete meses. Se sometió a lo que los tinojé consideran de los más humillante: se fue a trabajar de peón en la Mixteca Alta. Pronto logró dominar el español. En Tlaxiaco visitó al peluquero, compró pantalones de dril, una camisa blanca también de dril y el regalo: unos lindos aretes de oro con perlitas y coral.

Un día apareció en la tienda de Doña Manuela.

- Aquí estoy, patrona.

- Casi no te reconocía, José. Se diría que eres un hombre de razón.

- Patrona, aquí tengo el regalo. Quiero declararme a la señorita.

- ¿Qué señorita?

- La señorita de su hija.

- ¿Mi hija?

Doña Manuela se puso toda colorada.

Tatani desgraciado – gritó – ¡Así es que mi hija! ¡Mi hija para ti! ¡Lárgate!

Martín Felipe encontró en las afueras de Putla a un conocido de Copala que le prestó una muda. Vestido otra vez como sus hermanos triques, regresó a su barrio serrano. Ahora su café lo vende en Juxtlahuaca.

 

Bibliografía:

GUTIERRE Tibón,

PINOTEPA NACIONAL,

Mixtecos, Negros y Triques,

3a Edición,

Editorial Posada,

276 pp.

PINOTEPA NACIONAL, Mixtecos, Negros y Triques