Migración y cambio. El Índice de Desarrollo Social en los Triquis asentados en la Costa de Hermosillo, Sonora, México.

1Gabriela González Barragán y 2Rosario Román Pérez

México se caracteriza por un desarrollo desigual que requiere ser estudiado a fin de orientar los criterios y toma de decisiones al diseñar políticas públicas y programas de intervención. Las diferencias pueden ser regionales y son observables a través del ingreso, el tipo de alimentación o las capacidades de sus grupos sociales. La medición de tales desigualdades puede hacerse desde diferentes perspectivas, sin dejar de considerar que la pobreza −como un hecho social− es compleja, dinámica y objetiva al expresarse en grupos de población concretos, con características propias. Pese a ello, existe acuerdo con respecto a que la población indígena de nuestro país es la más empobrecida y que las mujeres son las más afectadas.

Una estrategia de sobrevivencia de la población indígena es la migración, definida como el cambio de residencia temporal o permanente de un sujeto o grupo social (Corona, 1999). Generalmente se observan movimientos migratorios entre regiones clasificadas como de bajo desarrollo y alta densidad de población, a otras de alto desarrollo y menor índice de población. Actualmente, en nuestro país existen rutas migratorias muy definidas en las que los destinos son principalmente los estados fronterizos de la Unión Americana.

Si bien el fenómeno migratorio siempre ha sido de interés, éste se ha incrementado a raíz de los sucesos del 11 de septiembre en la Ciudad de Nueva York. Las migraciones se convirtieron así en asuntos de seguridad nacional, de derechos humanos, de desarrollo económico y de transformación social y psicológica. No así para los propios migrantes que dejan sus hogares de origen con la idea de mejorar su calidad de vida. Pero, ¿hasta dónde la migración cumple con esta expectativa? es una pregunta a la cual buscó dar respuesta el presente trabajo. Para ello presentaremos el caso de los migrantes “Triquis” asentados en el Poblado Miguel Alemán, en lo que se conoce como la Costa de Hermosillo, en Sonora, México.

El Estado de Oaxaca es uno de los Estados mexicanos que mayor número de migrantes aporta con aproximadamente el 27% del total ya que, generalmente, migran en grupos familiares. Hoy podemos encontrar grupos indígenas de Oaxaca a todo lo largo del corredor noroeste de la República Mexicana, particularmente en Sinaloa, Sonora y Baja California. De estos grupos destacan los Triquis, quienes provienen de cinco municipios ubicados en un territorio conocido como Nudo Mixteco, en la con-fluencia de la Sierra Madre Oriental y Occidental, del Estado mencionado. Este grupo se caracteriza por ser gregario y por el arraigo a sus tradiciones basadas en liderazgos, modelados desde la figura de la “mayordomía” que les permite la gestión de recursos y la cohesión basada en sus tradiciones, fiestas, trajes típicos y uso de su lengua.

A partir de 1984, diversos grupos familiares de Triquis empezaron a asentarse en el Poblado Miguel Alemán, del Municipio de Hermosillo, Sonora. En lo relacionado a la base de su alimentación, en su lugar de origen, es la tortilla de maíz, los totopos, los tamales y las hierbas que consumen crudas o cocidas. En época de lluvias colectan hongos, hormigas y chapulines que asan para comer. Al cambiar a un ecosistema distinto, este grupo indígena se ha visto forzado a modificar su dieta, lo que repercute en nuevos problemas de adaptación y de salud. No obstante que la zona de asentamiento es eminentemente agrícola, lo que en ella se produce se exporta y lo que se vende en abarrotes y supermercados se lleva directamente de los comercios de Hermosillo, encareciendo el costo y dificultando su compra. Para compensar, los Triquis recurren a la siembra de traspatio donde cultivan maíz, frijol e inclusive “hierba santa” que utilizan para aderezar sus platillos. Igualmente crían aves de corral que suelen consumir en días festivos. Sin embargo, tales prácticas resultan insuficientes y la mayor disponibilidad y acceso a los alimentos “chatarra”, ha traído como consecuencia mayores casos de obesidad, principalmente entre las mujeres.

Otra situación documentada en este estudio fue el desarrollo desigual observado al interior de esta población indígena. Para ello se construyó el índice de Desarrollo Social de este grupo indígena, una herramienta estadística que permitiera mostrar objetivamente el grado de avance y bienestar de una población en particular. Como elementos de análisis se consideraron el acceso a los servicios públicos, el bilingüismo y la alfabetización. A partir de estos datos se concluyó que, si bien las condiciones de infraestructura de los Triquis asentados en Sonora mejoraron al contar en el Poblado Miguel Alemán con facilidades para contratar luz eléctrica, agua y drenaje, su arraigo a las costumbres y tradiciones, han dificultado lograr un desarrollo equitativo entre varones y mujeres de su mismo grupo.

El Índice de Desarrollo Social de los Triquis que migraron a Sonora, fue superior al de los Triquis en el Estado de Oaxaca pero en el caso de las mujeres, éstas se mantienen en un nivel de desarrollo bajo, principalmente, porque entre ellas había más analfabetismo y monolingüismo. La mejoría también estuvo basada en una mayor oferta de productos alimenticios, así como en el acceso a trabajos asalariados mejor remunerados que en su lugar de origen.

Hasta ahora, son pocos los estudios que dan cuenta del impacto diferenciado de la pobreza en hombres y mujeres debido a que la mayoría de los indicadores utilizados no son lo suficientemente sensibles para evidenciar las desigualdades de género.

Lo anterior se hace más notorio en los grupos indígenas caracterizados por sistemas ancestralmente patriarcales, donde los mecanismos de segregación van más allá de la división desigual del trabajo. Ello es importante de analizar, en especial, porque ante la limitación de recursos para atender a los grupos vulnerables, los tomadores de decisiones requieren de elementos objetivos que les permita justificar la distribución diferencial de los presupuestos. También resulta útil para los grupos que promueven acciones afirmativas a favor de las mujeres el impulsar, ante los gobiernos, la asignación de presupuestos con sensibilidad de género.

Si bien la migración permitió a las mujeres Triquis tener mayor acceso a fuentes de empleo -distintas a las del trabajo doméstico- y a la educación formal, la toma de decisiones familiares y comunales, las jerarquías instituidas por edad y sexo y la distribución desigual de los recursos comunes persisten pese al contacto con otras formas de ser varón y mujer. El arraigo a costumbres basadas en relaciones de género inequitativas, es un factor asociado al nivel bajo de desarrollo de los pueblos indígenas y a la feminización de la pobreza. Para las mujeres, no basta migrar para mejorar su calidad de vida.

Las Triquis asentadas en el Poblado Miguel Alemán, no tienen ya que hacer largas caminatas para traer agua o combustible para la preparación de sus alimentos. Sin embargo, se mantienen monolingües y analfabetas o con muy bajo nivel de escolaridad. Considérese aquí, por ejemplo, las dificultades de estas mujeres al atender problemas de salud de sus hijas o hijos para comunicarse con el personal de salud de la región a donde migraron y donde carecen de los recursos tradicionales para la atención primaria. Por lo mismo es necesario desarrollar más estudios que muestren de manera objetiva las desventajas de mantener a las mujeres indígenas inmersas en un sistema de costumbres y tradiciones que poco contribuyen a su desarrollo como integrantes de un grupo étnico.

De ahí que no sea raro documentar entre los padecimientos de los Triquis de Sonora, aquéllos similares a los de su región de origen como la parasitosis, infecciones respiratorias y el alcoholismo en jóvenes y adultos. Junto con estos padecimientos coexisten enfermedades de “la riqueza o abundancia” como la diabetes y las cardiovasculares.

En conclusión, y tal como señalan Psacharopoulos y cols. (1994), la educación es vital para mejorar la calidad de vida de los grupos vulnerables. En ese sentido, las políticas hacia la población indígena deben dirigirse a elevar el nivel educativo de la misma, sin distinción de sexo. Con el aumento de las capacidades, se incrementan también las oportunidades para tener acceso a una mejor calidad de vida.

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1Maestra en Ciencias, 2Profesora-Investigadora Titular y directora de la presente investigación.

 

Fuente:

http://www.ciad.mx/boletin/marabr04/Migracion.pdf

 

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